Escrito el 18/03/08

Ayer por la noche rompió a llover. Para unos representó una bendición para el campo; a mí me inundó de una agradable pereza.  

Pensaba atravesar el puente, ir a buscar la cámara de papá y salir a hacer fotos. De vuelta, quedarme a tomar un café con amigos en algún bar de la plaza y charlar sin tiempo, mientras mamá y la tía acudían a los oficios de Semana Santa. Pero preferí quedarme, aunque luego me acerqué a la estación a consultar horarios de trenes con dirección a Vigo. La calle desierta en una villa fantasma. La soledad y el tedio. Me detenía, de vez en cuando, ante escaparates de zapatos y de libros. Entré en una papelería a preguntar por las tarjetas postales de la zona que otras veces había comprado. La persona encargada en ese momento del establecimiento no sabía dónde estaban. Me marché después de mil disculpas y palabras que intentaban retenerme, además de un interrogatorio en toda regla sobre mi estado civil. “Aquí se aburren demasiado”, no pude evitar pensar de nuevo en la calle. Me crucé con D., quien me dijo lo guapa que estaba. Encontré unos regalos para mi tía y mi primo; mañana es el santo de ambos y estoy invitada a comer en un restaurante.

Ha salido el sol y escribo junto a una bonita chimenea que nunca se utiliza. Sigo leyendo Cómo asumir su propia identidad, un libro sobre meditación, escrito por Jon Kabat-Zinn, Plaza y Janés. Me acuerdo de M., quien lo ha prestado, y de mis compañeros de clase. No los veré hasta la semana que viene. Pienso también en mi gato y en la blancura de mi casa.

Mi ánimo es sereno y alegre.

Dentro de un momento me llamarán a comer.

Publicado en on Marzo 24, 2008 at 9:12 am

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  1. On Marzo 25, 2008 at 4:34 am rafa Said:

    “…me dijo lo guapa que estaba”

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