Hace años, junio era un mes de moscas y de ríos. Los que acudíamos al colegio o al instituto nos mostrábamos inquietos por el calor; tan sólo las primeras horas de la mañana permitían el peso de una chaqueta.
Lo que no ha cambiado es la temporada de exámenes en la misma época, algo que, con calor o sin él, resulta siempre pesado y angustioso.
Apenas falta una semana para que termine el curso escolar, sin embargo, a pesar de lo poco que queda ya, la tensión de los exámenes finales y la Prueba -incipiente- de Acceso a la Universidad para los que han superado el Bachillerato, convierten a estas fechas en algo inolvidable para alumnos y profesores por la ansiedad que conllevan.
Nunca me encargo de poner o evaluar exámenes pero sí ayudo a prepararlos. El terror al examen, a veces excesivo, me llega a parecer en la mayoría de los casos injustificado. ¿Cómo poder convencer a los alumnos o a sus padres de que un posible “fracaso” no sería para tanto? Ojalá en la vida existiesen tantas oportunidades de recuperación para otras cosas.
En cualquier caso, formulo mi deseo de suerte a todos aquellos que por su esfuerzo continuado merezcan lo mejor a nivel académico.

Cuánta verdad en una entrada. Buenas noches.