El comienzo

Sucedió una noche de luna rosada.

 

Después de un largo café en un lugar recoleto iluminado con el suave resplandor de lamparillas de libélulas salimos en busca de la caricia del mar, pero llovía tanto que nos quedamos esperando a que pasase el aguacero bajo unos arcos. Y entonces me arrastraste dulcemente hasta ti y ocurrió el beso, sujetos los paraguas con tus manos sobre mi espalda enlazada por tus brazos. Y allí nos quedamos en un espacio sin tiempo, inmóvil todo cuanto nos rodeaba, ignorado el mundo más allá de los límites de nuestra piel.

 

Enamorarse es volver siempre a lo mejor de nosotros mismos.

 

 

Publicado en on Abril 29, 2008 at 8:15 am Comentarios (6)

Claude Debussy: Sonata para flauta, viola y arpa (Interludio)

Para A., con cariño

Publicado en on Abril 16, 2008 at 7:33 am Comentarios (4)

México

Hace unos días estuve paseando por Juchitán, Oaxaca, de la mano de R. sin moverme de la silla. Ventajas de este medio. Juchitán es una extensión de infinidad de casas bajas cuyo mapa se parte en cuadraditos más o menos irregulares que parecen, desde el cielo, las teselas de un mosaico. El río, que irrumpe por la derecha, deshace la linealidad de las “cuadras” con su contrapunto ondulante. Atravesé el puente peatonal y estuve unos instantes en el parque y en el mercado, antes de llegar al reposo de la sombra de un zapote. Agaves azules y verdes; mezcal y tequila.

 

R. tiene acento de chocolate y aspecto de brisa dorada. Su país de ámbar y turquesa sabe celebrar a los muertos con azúcar y colorear con tonos vivos un sentido de la existencia que nosotros -pese al desarrollo- no conocemos al otro lado del océano.

 

¡Mil gracias, R.!

 

 

Publicado en on Abril 7, 2008 at 8:15 am Comentarios (0)

Apresúrate despacio

Todavía faltan unas horas para el amanecer. He decidido levantarme porque me he desvelado y, en vez de ponerme a leer el libro que ya había cogido de la estantería, finalmente he optado por escribir hasta que me entre de nuevo el sueño.

 

Este lunes será un día intenso, me temo. Aparte de las clases que tengo que dar, debo hacer promoción de la oferta de un nuevo Centro Social que se abre en la ciudad donde -si las cosas van bien y hay demanda suficiente- la actividad de Francés estará a mi cargo. También tengo que sacarme fotos para el DNI -caducado hace más de un año- y guardar cola en la Policía para tramitar el documento. Y toca pagar el alquiler y el recibo del agua, además de dejar preparada una exposición de dibujos de niños para el próximo Día del Libro. Todo se andará… Adelante, pero sin correr, no vaya a ser que me caiga…

 

 

Publicado en on at 7:41 am Comentarios (0)

Conexiones

La canción de Maná me recuerda, en cierto sentido, a la hermosa película de Patrice Leconte La viuda de Saint-Pierre. Y a su vez, el cartel de esa película, me lleva al cuadro de Friedrich de un hombre ante el mar.

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Publicado en on Abril 2, 2008 at 5:30 pm Comentarios (7)

Canción

Artista: Maná
Album: Luna
Canción: En el muelle de san Blas

Ella despidió a su amor
El partió en un barco en el muelle de san Blas
Él juró que volvería
Y empapada en llanto ella juró que esperaría
Miles de lunas pasaron
Y siempre ella estaba en el muelle
Esperando
Muchas tardes se anidaron
Se anidaron en su pelo
Y en sus labios

Llevaba el mismo vestido
Y por si él volviera no se fuera a equivocar
Los cangrejos le mordían
Su ropaje, su tristeza y su ilusión
Y el tiempo se escurrió
Y sus ojos se le llenaron de amaneceres
Y del mar se enamoró
Y su cuerpo se enraizó
En el muelle

Sola
Sola en el olvido
Sola
Sola con su espíritu
Sola
Sola con su amor el mar
Sola
En el muelle de san Blas

Su cabello se blanqueó
Pero ningún barco a su amor le devolvía
Y en el pueblo le decían
Le decían la loca del muelle de san Blas
Y una tarde de abril
La intentaron transladar al manicomio
Nadie la pudo arrancar
Y del mar nunca jamás la separaron

Sola
Sola en el olvido
Sola
Sola con su espíritu
Sola
Sola con su amor el mar
Sola
En el muelle de san Blas

Sola en el olvido
Sola con su espíritu
Sola con su amor el mar

Sola
Sola en el olvido
Sola
Sola con su espíritu
Sola
Sola con su amor el mar
Sola
En el muelle de san Blas

Se quedó
Se quedó
Sola, sola
Se quedó
Se quedó
Con el sol y con el mar
Se quedó ahí
Se quedó hasta el fin
Se quedó ahí
Se quedó en el muelle de san Blas

Sola, sola, sola  

Publicado en on at 4:43 pm Comentarios (0)

Escrito el 21/03/08

Llegué a Vigo por la mañana después de un largo trayecto junto a espejos de agua en calma y montañas verdes. Supe de la cercanía de la ciudad en cuanto divisé el primer retal de mar, de un azul como el del cielo en ese instante, y en ese instante también, sentí una punzada de emoción en lo más hondo.

Las comisuras de la tierra hechas arena para fundirse con el agua salada. El amarillo transformado en verde. La illa de San Simón, las barcas de pesca rompiendo la homogeneidad de la superficie, el puente que  atraviesa la ría, el monte de A Guía –loma esmeralda- a la izquierda, las illas Cíes al fondo como un paisaje irreal. Y el tren que se detiene en la estación término.

Busco mi hotel y subo a la habitación –la 203- a dejar el poco equipaje que llevo. Cierro los ojos durante un momento, respiro profundamente y bajo a la calle.

El primer encuentro. X. está bien. Me cuenta mil cosas, compartimos el almuerzo y charlamos. Dice que siempre recordará aquel postre, charlotte de helado de vainilla con chocolate caliente y nueces. Como siempre, nos quedan cosas por contar.

Por la tarde veo a J. y paseamos juntos durante horas. Hablamos, sonreímos, nos quedamos en silencio, siempre acompañados por la cercanía de nuestros pasos. Del puerto pasamos a la parte alta de la ciudad. Nos detenemos en los cines de Vía Norte a mirar la cartelera. Recorremos la que fue mi calle. Miro mi casa desde abajo, habitada por otros. Ya no hay plantas en el balcón.

La ciudad siempre me parece en continua transformación. La noto cambiada como el niño que no se ve desde hace tiempo. Pero sé que jamás me gustará Vigo, tan caótico y gris, aunque adoro a sus gentes amigables y dulces como sus colinas, y la benevolencia del clima y las camelias, los naranjos y la mica que espejea en la piedra eterna de los edificios, las elegantes galerías de encaje metálico y el gusto gallego en el vestir. Y el mar de Vigo, resguardado de la ferocidad de las corrientes atlánticas. El infierno en el centro del paraíso.

Por la noche salgo con I. Quedamos para cenar. De nuevo, mil cosas que contar. Dice que estoy “divina”. Me río. Siempre me hace reír. Algunos edificios del casco vello están restaurados. Los pazos dejan ver con orgullo sus blasones, antes escondidos bajo la mugre. Crêpes y ensaladas deliciosas. Camareros con acento de ola. Cigarrillos rubios. Humedad. ¡Cuánto cuestan siempre las despedidas!

Traigo una concha de erizo para C. y una pulsera de nácar para R. Quisiera haber visto a G.N. y a S.B.; a más gente aún. No he tenido tiempo. Otra vez será. Es una deliciosa excusa para volver. La distancia es el camino para el regreso.

Escribo en el tren de vuelta a casa. Falta una hora para llegar y la luz del día ya se muestra inclinada.

illa-de-san-simon.jpg

Publicado en on Marzo 24, 2008 at 9:57 am Comentarios (5)

Escrito el 18/03/08

Ayer por la noche rompió a llover. Para unos representó una bendición para el campo; a mí me inundó de una agradable pereza.  

Pensaba atravesar el puente, ir a buscar la cámara de papá y salir a hacer fotos. De vuelta, quedarme a tomar un café con amigos en algún bar de la plaza y charlar sin tiempo, mientras mamá y la tía acudían a los oficios de Semana Santa. Pero preferí quedarme, aunque luego me acerqué a la estación a consultar horarios de trenes con dirección a Vigo. La calle desierta en una villa fantasma. La soledad y el tedio. Me detenía, de vez en cuando, ante escaparates de zapatos y de libros. Entré en una papelería a preguntar por las tarjetas postales de la zona que otras veces había comprado. La persona encargada en ese momento del establecimiento no sabía dónde estaban. Me marché después de mil disculpas y palabras que intentaban retenerme, además de un interrogatorio en toda regla sobre mi estado civil. “Aquí se aburren demasiado”, no pude evitar pensar de nuevo en la calle. Me crucé con D., quien me dijo lo guapa que estaba. Encontré unos regalos para mi tía y mi primo; mañana es el santo de ambos y estoy invitada a comer en un restaurante.

Ha salido el sol y escribo junto a una bonita chimenea que nunca se utiliza. Sigo leyendo Cómo asumir su propia identidad, un libro sobre meditación, escrito por Jon Kabat-Zinn, Plaza y Janés. Me acuerdo de M., quien lo ha prestado, y de mis compañeros de clase. No los veré hasta la semana que viene. Pienso también en mi gato y en la blancura de mi casa.

Mi ánimo es sereno y alegre.

Dentro de un momento me llamarán a comer.

Publicado en on at 9:12 am Comentarios (1)

Escrito el 17/03/08

El viaje fue bastante agradable, si bien no me pude detener demasiado a observar el paisaje, ya que estaba muy soñolienta y se me cerraban los párpados hasta caer, en ocasiones, en un sueño profundo. A pesar de todo, pude comprobar cómo el caudal del pantano del Luna, a poco de dejar Asturias, estaba más bajo de lo que nunca había visto. Apenas ha llovido este invierno y el campo lo acusa. Ahora, mientras escribo, entra un sol radiante por las ventanas del salón y por la galería del cuarto que me han asignado como dormitorio, donde el tío A. tiene un montón de macetas con plantas nuevas de tomate. El jersey azul que he lavado a mano hace un momento se secará pronto en la terraza a merced del viento. El clima es seco y quema algunas hojas como si fuesen cigarrillos encendidos. Pero hay prímulas, azaleas y pensamientos en todo su esplendor. El rosal enano promete bonitos brotes.

Cuando estoy sola, apenas noto ruido, si no es por el paso de algún coche o por las agujas móviles de los relojes que hay en casa. Noto también el delicioso canto de los pájaros que imagino sobre ramas floridas, o el cloqueo de las cigüeñas que anidan en los tejados de las casas de enfrente. Cuando llega gente, enseguida me turba el volumen alto del televisor, encendido e ignorado casi a todas horas, o el tono elevado de las voces de los que ya no tienen el sentido del oído en su mejor momento y se niegan a reconocerlo, bajo el pretexto de que ya son viejos.Pensar que se es viejo a determinadas edades es una actitud, no un hecho, y no me parece que ello sea excusa para hacer o dejar de hacer determinadas cosas y abogar, ya para siempre, por un mal gusto estético y una dejadez que claman al cielo.

Flores artificiales, muebles trasnochados, paredes sucias con relieves florales, parquet ajado, cajitas y adornos por todas partes, cuadros con pretensiones adquiridos en tiendas locales, recuerdos con inscripciones doradas, imaginería religiosa, collares de conchas pintadas, broches de fantasía, kilim falsos, figurillas de cristal de roca, dudosa porcelana china, fotografías de personas que han muerto y de jóvenes licenciados con toga de raso, algunos libros con el polvo incrustado en los cantos de las páginas, mármoles sin brillo, muebles de cubertería con borla colgante, aparatosos aparadores con vitrina, ceniceros, etc., todo ello símbolo de un “lujo” rural de no hace tanto tiempo y, sin embargo, tan caduco ya, lo mismo que sus propietarios.

Publicado en on at 8:04 am Comentarios (0)

Casi en camino

Fin de la segunda evaluación.

Me siento un poco cansada después de un intenso periodo de trabajo durante este tiempo. Pero enseguida estaré de vacaciones, considerando además que tengo los mismos días no lectivos que los alumnos. Dentro de un par de horas tendré mi última clase antes de estar libre. Explicaré a un futuro bachiller las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

He encontrado una guardería en la ciudad para que cuiden de Tito toda la semana que esté fuera. Incluso se han ofrecido a venir a buscarlo a casa. Queda todo preparado para que él esté bien y, por mi parte, ya tengo los billetes.

Mañana, domingo, parto a Galicia en horario de sobremesa. Mi intención es estar unos días en el pueblo con mamá y luego pasar por Vigo y acercarme a Santiago de Compostela. Tan sólo poder entrever un cambio de lugar inminente, aunque sea por poco tiempo, me llena el alma de oxígeno puro. El cambio, por pequeño que sea, supone siempre una renovación, y proporciona otra perspectiva al regreso.

Publicado en on Marzo 15, 2008 at 9:09 am Comentarios (1)