Apresúrate despacio

Todavía faltan unas horas para el amanecer. He decidido levantarme porque me he desvelado y, en vez de ponerme a leer el libro que ya había cogido de la estantería, finalmente he optado por escribir hasta que me entre de nuevo el sueño.

 

Este lunes será un día intenso, me temo. Aparte de las clases que tengo que dar, debo hacer promoción de la oferta de un nuevo Centro Social que se abre en la ciudad donde -si las cosas van bien y hay demanda suficiente- la actividad de Francés estará a mi cargo. También tengo que sacarme fotos para el DNI -caducado hace más de un año- y guardar cola en la Policía para tramitar el documento. Y toca pagar el alquiler y el recibo del agua, además de dejar preparada una exposición de dibujos de niños para el próximo Día del Libro. Todo se andará… Adelante, pero sin correr, no vaya a ser que me caiga…

 

 

Publicado en on Abril 7, 2008 at 7:41 am Comentarios (0)

Casi en camino

Fin de la segunda evaluación.

Me siento un poco cansada después de un intenso periodo de trabajo durante este tiempo. Pero enseguida estaré de vacaciones, considerando además que tengo los mismos días no lectivos que los alumnos. Dentro de un par de horas tendré mi última clase antes de estar libre. Explicaré a un futuro bachiller las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

He encontrado una guardería en la ciudad para que cuiden de Tito toda la semana que esté fuera. Incluso se han ofrecido a venir a buscarlo a casa. Queda todo preparado para que él esté bien y, por mi parte, ya tengo los billetes.

Mañana, domingo, parto a Galicia en horario de sobremesa. Mi intención es estar unos días en el pueblo con mamá y luego pasar por Vigo y acercarme a Santiago de Compostela. Tan sólo poder entrever un cambio de lugar inminente, aunque sea por poco tiempo, me llena el alma de oxígeno puro. El cambio, por pequeño que sea, supone siempre una renovación, y proporciona otra perspectiva al regreso.

Publicado en on Marzo 15, 2008 at 9:09 am Comentarios (1)

He salido a comprar comida y arena para Tito, el gato, cada día más mimoso y juguetón. Tito me alegra los días con su vitalidad y me hace una grata compañía, además de calentar mis pies todas las noches. En cierta manera, nos hemos salvado la vida mutuamente. No me importa confiarle el gato a G. cuando tenga que ir a alguna parte; sé que él es la persona que mejor puede cuidarlo y quien sabe disfrutar mejor con sus travesuras y sus gestos, pues ambos se conocen muy bien.

Me alegro de que G. y yo prosigamos con nuestra amistad, pues sería una lástima no volver a poder compartir todo aquello que nos hace tan afines, sin olvidar la simpatía y el aprecio que nos tenemos. Hoy le decía cuánto me gustaría visitar un laberinto -de esos hechos con setos recortados- y entonces él me dijo que ya conocía uno: él. Nos reímos. Recordé que a mí misma alguien me llamó no hace mucho “arquivolta gótica”. Por simples que seamos o creamos ser, siempre somos extremadamente complejos, pienso que se debe al propio hecho de ser humanos. Quizás a G. le apetezca venir el próximo martes a ver una película de Jacques Tati en la Filmoteca. Se lo propondré si no está ocupado.

He comprado un dulce regalo para Ru. que le daré el sábado, cuando venga a ponerme a punto el ordenador. Ro. y yo seguramente fumaremos algún cigarrillo de sabor tostado sin prisas.

Estoy pintando algunas cosas en pequeño formato, antes de ponerme con un lienzo grande, con el que quiero obsequiar a ambos.

Trabajo, estudio y la vida fluye.

Tengo pendiente una visita con C. al Museo de Bellas Artes.

J. me ha invitado a pasar un fin de semana en una bonita casa rural.

Vuelvo a escribir más a menudo. Esta vez lo hago desde la cafetería Parsifal justo antes de la primera clase de la tarde.

Publicado en on Febrero 20, 2008 at 5:17 pm Comentarios (1)

Impression soleil levant

Acaba de amanecer. La calle se ha llenado paulatinamente del murmullo de los coches y las personas que se dirigen al trabajo y a sus ocupaciones. Las farolas, todavía encendidas, parecen grandes adornos de luz anaranjada; sin duda se avecina un día espléndido como el de ayer.

Ayer acudí a clase de guitarra. Me sorprende saber que ya puedo tocar algunas melodías que me gustan y acompañar canciones conocidas. Uno de mis compañeros me regaló un disco grabado con su voz –un talento oculto. D. decía, al bajar las escaleras, que sólo cantaba cuando estaba solo-. Más tarde, en clase de pintura con los niños, sobra un sitio y me siento entre ellos para que me vean pintar una acuarela: “también se aprende observando”, no dejo de decirles, aunque poco caso me hacen pues ya se sienten alterados a un mes del comienzo de la primavera. Hace semanas que los ciruelos de pissard, las mimosas y, más recientemente, los magnolios chinos, muestran sus flores. Renovación. Reencuentro con lo conocido. El ciclo de la vida pasando una vez más sobre el mismo punto.

Antes de la clase de las 16:00 me tomo un café en algún lugar, pero siento la urgencia de salir a respirar aire fresco. Me quedo durante un rato sentada en un banco sumergido en sol y cierro los ojos. La alegría. Respiro tranquila como si el tiempo no pasase. No tengo prisa, todavía no sé que no debo tenerla; una alumna me avisa con un mensaje que no puede recibirme. Regreso a casa y preparo otra clase: le subjonctif présent avec des exercices. Intento ser sencilla y eficaz en mis explicaciones.

He sabido que mi cuñada eslovena y M., mi mejor amiga, están embarazadas aproximadamente de dos meses. Sonrío imaginando a las criaturas que tendrán. Me llena de ilusión saber que esos niños van a fomar parte, también, de mi vida.

Impression soleil levant

Publicado en on Febrero 14, 2008 at 7:59 am Comentarios (0)

II

Me siento bien, mucho mejor de lo que hubiera imaginado un mes atrás. La soledad ahora, lejos de ser mi enemiga, se ha convertido en mi aliada. Mi cuerpo y mi mente se muestran relajados. Ya puedo abrir las ventanas orientadas al sur de par en par cada mañana y dejar que entre el sol y lo inunde todo, hasta el último centímetro de mí misma. Me dejaré llevar por la vida como una barca que se mece en un río tranquilo una tarde de verano. Ya no me preocupo más que por lo verdaderamente preocupante –nada, en este momento-. Y los días transcurren con fluidez, como la sangre que bombea mi corazón hasta cada una de las células que me forman.

Temía que el tiempo se alargase más de lo que desearía y dejase espacio al aburrimiento o la melancolía. Debo decir que tampoco, en este caso, ha sido lo que pensaba. Mi actividad no me lo permite, más aún si a ella se suma la responsabilidad, el cuidado completo de mi casa y de mí misma, sin olvidar los momentos entre los que quiero o el tiempo de ocio, necesario para el descanso y el sueño, para la preparación del trabajo y el estudio que me sirven de medio de vida y que tanto, sin duda, me satisfacen. Debo ajustarme, sin embargo, a una vida más humilde todavía, pero soy consciente de que tengo suficiente para pagar un alquiler, para alimentarme y aun para permitirme algún capricho. No puedo pedir más. Me siento afortunada y quizás soy bastante más fuerte de lo que creía.

El trabajo resulta más intenso en época de exámenes. Pero después de eso me fortalezco con la idea de unos días libres como estos de Carnaval. Y vuelvo a la escritura y al dibujo, a la lectura y a los amigos, a la música, a todo lo que me gusta. Hace unos días compré una preciosa guitarra de madera de cedro y palosanto, de color tostado y clavijas de nácar. Practico con paciencia Asturias, de Isaac Albéniz. Y con las notas, que se diluyen en el aire, se diluye un poco de mi dolor y se van cerrando heridas de otro tiempo.

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Publicado en on Febrero 4, 2008 at 9:44 am Comentarios (4)

Otoño

Los días fluyen unos tras otros.

Hace unas semanas que estoy enfrascada en mi trabajo. Nunca he tenido tantos alumnos particulares como en este curso y no acabo de comprender muy bien a qué es debido. Mis anuncios figuran siempre en un periódico y he repartido papelitos de colores por la ciudad con mi oferta, pero eso no justifica, más que otras veces, la afluencia. El caso es que en mi agenda no figura apenas un hueco por las tardes. Las mañanas están más libres de momento, hasta que comience a dar las clases extraescolares de Dibujo y Pintura en el mismo colegio de de Educación Primaria que los tres cursos pasados.

De momento estoy muy contenta con todo ello; necesitaba trabajar -soy de esas personas a las que satisface, y mucho, su trabajo- y reponer los gastos del verano. Pero elegiré el momento en el que debo decir que no, si otra horda de alumnos me pide que los atienda. Realmente, nunca me había visto en esta posible disyuntiva. Si bien valoro mi trabajo como cosa fundamental en mi vida, valoro de la misma manera tener tiempo para mí y para los que quiero, para poder disfrutar de momentos que no se desarrollen exclusivamente entre cuadernos y explicaciones. Por eso también este curso he decidido regalarme algo personal que consiste en asistir como alumna a clases de Guitarra Clásica.

Hace tiempo que estudié música en el que fue mi colegio en Vigo, las Escolas Nieto, para apuntarme luego a los estudios de Solfeo y Canto Coral en el Conservatorio Superior de la ciudad, que terminé con éxito a la edad e quince años… A falta de tiempo, una vez más, había dejado de estudiar con rigor un instrumento -tengo conocimientos, gracias al patronato Escolas Nieto, de Flauta de pico, Travesera y Piano-, lo cual constituyó más tarde una de mis asignaturas pendientes. Acudo a clase con entusiasmo y ya sé afinar las cuerdas correctamente, rascar en diferentes ritmos algunos acordes y el funcionamiento y ejecución de algunos arpegios. Mi profesora, jefa, colega y amiga en su Academia de Enseñanzas Artísticas, me presta una guitarra hasta diciembre.

Sin embargo, no he encontrado espacio para las clases de Yoga, al menos hasta que mis horarios sean totalmente definitivos. Pero no he dejado ni el ejercicio físico -camino muchos kilómetros a lo largo de la semana entre algunos domicilios- ni la meditación. Como suelo terminar tarde, ya de noche, la vuelta a casa bajo la oscuridad, con este tiempo que ya empieza a ser frío y húmedo, a veces bajo la lluvia, en calma, bajo los árboles de hojas oxidadas, sola, sin otra conversación que mi pensamiento y sin más referencia que la observación de lo que me rodea, evoco aquella feliz y placentera vuelta a casa desde el Conservatorio durante los primeros años de mi adolescencia, descendiendo la colina de O Castro bajo los espesos castaños de indias, hundiendo mis pisadas en un suelo de tierra hasta llegar a las aceras que desembocan en la Praza de España y girar a la calle Pizarro con los libros bajo el brazo…

 

Publicado en on Octubre 13, 2007 at 4:03 pm Comentarios (10)