A una estrella

No dejo de pensar en ti ni un solo día.

Contra la racionalidad de tu partida,

la insensatez de mi recuerdo. 

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Published in: on noviembre 11, 2007 at 6:07 pm  Comments (1)  
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Carta

Querido C.:

¿Cómo estás?; espero y supongo que muy bien.

Fue un verdadero placer recibirte el otro día; eres una persona con mucho que ofrecer. Yo también lo tengo todo por dar y me gusta intercambiar conocimientos con otras personas. Vuelve cuando quieras a nuestra casa. Nos encantan las buenas tertulias, más aún si están amenizadas con buena música y con cosas ricas para degustar, aunque lo primordial sea siempre la buena compañía.

Y ¡qué bonito regalo!, creo que nunca sabré agradecértelo como se merece… Espero que puedas disfrutar de mi libro de gallego tanto como yo estoy disfrutando de los métodos de guitarra. Ayer ya me puse a estudiar una pieza inglesa del siglo XVI, sencilla y preciosa -el ejercicio nº 3-, aunque sólo alcancé, por el momento, a sacar las notas de la melodía principal. Con tiempo podré llegar a algo decente, claro que sí.

Me pareció incluso emocionante cómo hablabas sobre las lenguas. Es algo que no se oye a menudo, sobre todo en estos tiempos en que las nuevas generaciones se conforman -y hasta se jactan de ello- con comerse letras para comunicarse más rápido y gastarse menos dinero en mensajes a través del teléfono móvil y del messenger. Es una lástima. Comprendo que eso se haya convertido en un código sustitutivo; lo que no comprendo es que descuiden las riquísimas posibilidades de la lengua escrita en otros ámbitos como la hoja en blanco, la creación literaria, la correspondencia de papel… A menudo me preguntan por qué la lengua utiliza la h si “no sirve para nada”, o la b y la v, “si tienden a confundirse”… pero ignoran un aspecto importante y precioso: la etimología. Las palabras heredan su grafía como nosotros, quizás, el color de los ojos o la forma de los lóbulos de las orejas. Pero sobre todo esto habría todavía mucho que hablar…

Me satisface además que un hombre “de ciencias” como tú se interese por otros mil saberes, entre ellos la lengua. A veces me da mucha pena que se haga una división tan estanca, tan radical, entre ciencias y letras, cuando yo creo que no son saberes excluyentes -como ninguno, por otra parte- sino complementarios. Yo misma estudié el Bachillerato por ciencias puras. En el COU escogí tan sólo por gusto una opción que me ofreciese la posibilidad de adentrarme un poco en la Historia del Arte y, más tarde, estudié Filología Hispánica. A mucha gente le ha chocado mucho mi trayectoria, mientras que a mí no me ha dado más que satisfacciones. Llevo toda mi vida estudiando y hoy en día y, pensando incluso en el futuro, aunque ya sea profesora, no tengo intención de dejar de ser nunca alumna. Seguro que a ti te pasa lo mismo. Del mismo modo que lo tengo todo por dar, también lo tengo todo por aprender.

Te contaría mil cosas más, ya sabes lo mucho que me gusta escribir y hablar, pero iré haciéndolo poco a poco.

Te diré, sin ir más lejos, que también, como a ti, me encanta la fotografía y que antes siempre utilizaba una cámara alemana manual Voigtländer que perteneció a un tío, hermano de mi padre, que nunca llegué a conocer, y que se la transmitió a este último. Mi padre se compró luego otra, muy bonita y muy buena. Pero ahora mi madre, que nunca hace fotos, se ha quedado con las dos. Todavía conservo algunas fotografías que hice con aquellas cámaras. Acabo de escanear una para enviártela. La he titulado Otoño, y en ella capto el momento en que todavía pende una última hoja de las ramas ya desnudas de los árboles. Espero que te guste.

También te envío una traducción mía de un relato hermosísimo escrito por Ramón Otero Pedrayo, de quien te hablé la otra tarde. Espero que disfrutes de su lectura.

Mil besos y abrazos,

R.

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Published in: on noviembre 11, 2007 at 6:00 pm  Dejar un comentario  
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