Burocracia

Ante todo, mucha calma.

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Published in: on febrero 26, 2008 at 8:45 am  Comments (2)  

Canción

Artista: Amaral
Album: Estrella de mar
Canción: Toda la noche en la calle
 
Porque este mundo no lo entiendo,
Porque hay verano y hay invierno,
Hay alegría y dolor,
Hay una cara y su cruz
Nos conocimos en Enero
Y me olvidaste en Febrero
Y ahora que es quince de Abril
Dices que me echas de menos
Y yo me quiero reír
Qué le voy a hacer si el pasado nunca vuelve
Toda la noche en la calle
Toda la noche en la calle,
Cuando llegue el nuevo día
Dormiremos a la orilla del mar
No sé si quiero que me quieran
O si me vale que me entiendan
No sé que pinto yo aquí
Dijo un torito en la arena
Si sólo quiero vivir
Qué le voy a hacer si mañana nadie sabe
Toda la noche en la calle,
Toda la noche en la calle,
Cuando llegue el nuevo día
Dormiremos a la orilla del mar
Éste es el mundo de los dos
Sin sentido pero tuyo y mío
Éste es el mundo de los dos
Qué le voy a hacer si mañana nadie sabe
Qué voy a hacer si el futuro está en el aire
Toda la noche en la calle,
Toda la noche en la calle,
Toda la noche en la calle, hoy
Toda la noche en la calle,
Toda la noche en la calle,
Cuando llegue el nuevo día
Dormiremos a la orilla del mar
Porque este mundo no lo entiendo
Published in: on febrero 26, 2008 at 8:35 am  Dejar un comentario  
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He salido a comprar comida y arena para Tito, el gato, cada día más mimoso y juguetón. Tito me alegra los días con su vitalidad y me hace una grata compañía, además de calentar mis pies todas las noches. En cierta manera, nos hemos salvado la vida mutuamente. No me importa confiarle el gato a G. cuando tenga que ir a alguna parte; sé que él es la persona que mejor puede cuidarlo y quien sabe disfrutar mejor con sus travesuras y sus gestos, pues ambos se conocen muy bien.

Me alegro de que G. y yo prosigamos con nuestra amistad, pues sería una lástima no volver a poder compartir todo aquello que nos hace tan afines, sin olvidar la simpatía y el aprecio que nos tenemos. Hoy le decía cuánto me gustaría visitar un laberinto -de esos hechos con setos recortados- y entonces él me dijo que ya conocía uno: él. Nos reímos. Recordé que a mí misma alguien me llamó no hace mucho “arquivolta gótica”. Por simples que seamos o creamos ser, siempre somos extremadamente complejos, pienso que se debe al propio hecho de ser humanos. Quizás a G. le apetezca venir el próximo martes a ver una película de Jacques Tati en la Filmoteca. Se lo propondré si no está ocupado.

He comprado un dulce regalo para Ru. que le daré el sábado, cuando venga a ponerme a punto el ordenador. Ro. y yo seguramente fumaremos algún cigarrillo de sabor tostado sin prisas.

Estoy pintando algunas cosas en pequeño formato, antes de ponerme con un lienzo grande, con el que quiero obsequiar a ambos.

Trabajo, estudio y la vida fluye.

Tengo pendiente una visita con C. al Museo de Bellas Artes.

J. me ha invitado a pasar un fin de semana en una bonita casa rural.

Vuelvo a escribir más a menudo. Esta vez lo hago desde la cafetería Parsifal justo antes de la primera clase de la tarde.

Published in: on febrero 20, 2008 at 5:17 pm  Comments (1)  
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Mi día “libre”

Como no me encontraba a gusto en la cama, pues sentía el vientre hinchado y dolorido, me levanté enseguida, habiendo perdido hacía ya un buen rato, el hilo del sueño. En la radio hablaban de los besos que han marcado una vida; llamaban algunos oyentes y contaban sus experiencias. Giré la ruedecilla hasta el clic que indica el apagado del aparato.

El martes se ha convertido, este trimestre, en mi día más o menos libre. Solamente doy una clase de francés a primera hora de la tarde a semanas alternas. Y hoy no toca. Así que asistiré a las 17 –también con la misma periodicidad, cuando el vacío de la otra clase me lo permite- a clase de guitarra. Las clases van bien y mi nuevo instrumento responde muy satisfactoriamente, como si tuviese mucho que decir, como si hubiese nacido para hablar.

Recuerdo, hace años, cuando la tarde de los martes era propicia para ir a ver un película en el Cine Plata –no sé qué habrá sido de aquel espacio- el día del espectador. Recuerdo muy bien aquella sala amplia e inclinada, cómoda pero algo inhóspita, donde vi Belle Époque, La camioneta o La Cena.

Por la mañana pretendo dejar la casa un poco arreglada. Estoy empezando a cambiar algunas  cosas de sitio, pues me he planteado redistribuir algunos espacios. En el cuarto donde atiendo a algunos particulares y donde están el ordenador, una mesa con sillas, los estantes llenos de cachivaches de pintura, libros de texto y diccionarios, los caballetes y el atril con partituras, los rollos de papeles diversos, todos los juguetes del gato y mil asuntos más, quiero poner un dormitorio con vistas al bulevar, lo mismo que el mío, por donde entre la luz del sur cada mañana. Mamá podrá obtener la jubilación algo antes de lo que tenía pensado; su intención es pasar algunas temporadas conmigo, así que el nuevo dormitorio, en principio, será para ella. Mi nuevo “taller” o “lugar de operaciones” será ubicado en el cuarto de atrás, el más tranquilo de la casa, aunque también el más oscuro, fresco y pequeño. Quizás lo pinte de amarillo; resultará más cálido y acogedor.

Hacía algún tiempo que no blogueba, así que hoy me he permitido el lujo de hacerlo.

Hay una montaña de ropa limpia para doblar y otro montón esperando turno para pasar por la lavadora.

Debo ir a la bilioteca y a la compra.

¡Feliz día!

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Published in: on febrero 19, 2008 at 7:46 am  Comments (1)  

Impression soleil levant

Acaba de amanecer. La calle se ha llenado paulatinamente del murmullo de los coches y las personas que se dirigen al trabajo y a sus ocupaciones. Las farolas, todavía encendidas, parecen grandes adornos de luz anaranjada; sin duda se avecina un día espléndido como el de ayer.

Ayer acudí a clase de guitarra. Me sorprende saber que ya puedo tocar algunas melodías que me gustan y acompañar canciones conocidas. Uno de mis compañeros me regaló un disco grabado con su voz –un talento oculto. D. decía, al bajar las escaleras, que sólo cantaba cuando estaba solo-. Más tarde, en clase de pintura con los niños, sobra un sitio y me siento entre ellos para que me vean pintar una acuarela: “también se aprende observando”, no dejo de decirles, aunque poco caso me hacen pues ya se sienten alterados a un mes del comienzo de la primavera. Hace semanas que los ciruelos de pissard, las mimosas y, más recientemente, los magnolios chinos, muestran sus flores. Renovación. Reencuentro con lo conocido. El ciclo de la vida pasando una vez más sobre el mismo punto.

Antes de la clase de las 16:00 me tomo un café en algún lugar, pero siento la urgencia de salir a respirar aire fresco. Me quedo durante un rato sentada en un banco sumergido en sol y cierro los ojos. La alegría. Respiro tranquila como si el tiempo no pasase. No tengo prisa, todavía no sé que no debo tenerla; una alumna me avisa con un mensaje que no puede recibirme. Regreso a casa y preparo otra clase: le subjonctif présent avec des exercices. Intento ser sencilla y eficaz en mis explicaciones.

He sabido que mi cuñada eslovena y M., mi mejor amiga, están embarazadas aproximadamente de dos meses. Sonrío imaginando a las criaturas que tendrán. Me llena de ilusión saber que esos niños van a fomar parte, también, de mi vida.

Impression soleil levant

Published in: on febrero 14, 2008 at 7:59 am  Dejar un comentario  
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Breve encuentro

Poco después de saber de nuestra ruptura se te ocurrió decirme lo que sentías por mí después de casi un año que sabemos uno del otro. Me pareció que no era una banalidad y admiré tu valentía –creo que yo hubiese hecho exactamente lo mismo-. Tuve en cuenta tus sentimientos, que encontré nobles y sinceros. Tuve en cuenta cuánta ternura podía salir de tu corazón hacia mi persona. Pero sabías –lo supiste desde el principio- que me sentía magullada como si hubiese caído de mucha altura y sobrevivido, y que debía ponerme en pie de nuevo y comenzar a caminar.

A pesar de todo, me pareció ver en ti un amor incondicional, sin tiempo, paciente hasta donde hiciese falta. Y no hizo falta mucho para reconocer cuánto aprecio y cariño sentía por ti. Pero tú insistías en que yo te amase del mismo modo que decías tú que me amabas –“estoy muy enamorado de ti, como jamás lo he estado de nadie en esta vida. Eres la mujer más especial que he conocido. Quiero hacerte feliz y lucharé por ello cada día, cueste lo que cueste”-, pero yo te explicaba que pensaba que “el amor es lo contrario del egoísmo”. Lejos de dejarme reaccionar, te obcecabas en que mis sentimientos eran cambiantes e incoherentes… Y sabes que no era así, sino que navegaba entre una lógica y humana confusión. Si algo tenía claro, y lo sigo teniendo en estos momentos, es mi rechazo –al menos de momento- a una relación comprometida.

Hace tan sólo dos días supe de algo, a través de ti antes que de cualquier otra persona, que me hirió el alma con punta afilada. Tengo heridas recientes sobre heridas todavía abiertas. Pero no voy a morir por ello. Me ofreciste tu amistad en el momento más delicado. No he podido aceptarla. Así que todo ha terminado entre nosotros. Nos alejamos, nos distanciamos para no seguir sufriendo. Pero no te guardo rencor. Lejos de eso, agradezco los buenos momentos compartidos, el calor de tus brazos, las palabras, los susurros… Agradezco aquella noche tan especial e íntima, que pertenece exclusivamente a ambos, y de la que confesaste que había sido la noche más hermosa de toda tu vida.

Te queda de mí una carta en sobre rojo y mi dibujo… Espero que te quede, también, mi recuerdo.

Adiós, D., el de nombre verdeazul.

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Published in: on febrero 6, 2008 at 8:51 am  Comments (1)  
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II

Me siento bien, mucho mejor de lo que hubiera imaginado un mes atrás. La soledad ahora, lejos de ser mi enemiga, se ha convertido en mi aliada. Mi cuerpo y mi mente se muestran relajados. Ya puedo abrir las ventanas orientadas al sur de par en par cada mañana y dejar que entre el sol y lo inunde todo, hasta el último centímetro de mí misma. Me dejaré llevar por la vida como una barca que se mece en un río tranquilo una tarde de verano. Ya no me preocupo más que por lo verdaderamente preocupante –nada, en este momento-. Y los días transcurren con fluidez, como la sangre que bombea mi corazón hasta cada una de las células que me forman.

Temía que el tiempo se alargase más de lo que desearía y dejase espacio al aburrimiento o la melancolía. Debo decir que tampoco, en este caso, ha sido lo que pensaba. Mi actividad no me lo permite, más aún si a ella se suma la responsabilidad, el cuidado completo de mi casa y de mí misma, sin olvidar los momentos entre los que quiero o el tiempo de ocio, necesario para el descanso y el sueño, para la preparación del trabajo y el estudio que me sirven de medio de vida y que tanto, sin duda, me satisfacen. Debo ajustarme, sin embargo, a una vida más humilde todavía, pero soy consciente de que tengo suficiente para pagar un alquiler, para alimentarme y aun para permitirme algún capricho. No puedo pedir más. Me siento afortunada y quizás soy bastante más fuerte de lo que creía.

El trabajo resulta más intenso en época de exámenes. Pero después de eso me fortalezco con la idea de unos días libres como estos de Carnaval. Y vuelvo a la escritura y al dibujo, a la lectura y a los amigos, a la música, a todo lo que me gusta. Hace unos días compré una preciosa guitarra de madera de cedro y palosanto, de color tostado y clavijas de nácar. Practico con paciencia Asturias, de Isaac Albéniz. Y con las notas, que se diluyen en el aire, se diluye un poco de mi dolor y se van cerrando heridas de otro tiempo.

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Published in: on febrero 4, 2008 at 9:44 am  Comments (3)  
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La soledad

Confieso que tenía pavor a la soledad. Pero eso fue antes de conocerla. El miedo era un espejismo que me paralizaba, aunque sé demasiado bien que los espejismos no reflejan la realidad, sino una visión distorsionada de lo que está por llegar, delante de nosotros, siempre a muchos metros por delante, lo mismo que el futuro. Aunque parece que los veamos, todavía no existen, y, si existen, al final son una cosa bien distinta de lo que creemos ver.

Tras la ruptura, me marché unos días a Barcelona, pues necesitaba cambiar de aires. Durante el viaje, la amargura sólo me permitía pensar con angustia en cómo sería mi regreso a la casa vacía. Y mi cuerpo casi temblaba. No fue fácil la primera semana allí. Todo el mundo celebraba algo excepto yo, fuera de toda fiesta, al margen de la gente, incrustada en el hueco de mí misma. Sí, estaba mamá, estaban mis hermanos, estaban algunos amigos. Y estaba yo, en otra dimensión, de tal manera me sentía. Y, a pesar de todo, alguna que otra vez conseguí sonreír: volvía a ver la casa donde viví los primeros años de mi vida, de la que apenas recordaba el patio y la portería; vagué por las calles heladas de nuestro barrio y por las hermosas laderas que, sobre el pequeño edificio del ayuntamiento, quedan salpicadas con la gracia de calles empedradas sembradas de cactus, pinos mediterráneos, buganvillas y masías rodeadas de cipreses; recorrí el barrio gótico una y mil veces, deteniéndome en todos los escaparates; comí con mamá una mañana plateada en Els Quatre Gats; paseé con J. y con M. por lugares desconocidos; hice y recibí regalos.

El regreso. El desgarro en el corazón antes de abrir la puerta de entrada. Sin embargo, una vez girada la llave, un sentimiento de calma infinita. El silencio sólo roto por el maullido del gato esperándome. Y el bienestar… hasta ahora.

Published in: on febrero 2, 2008 at 6:45 pm  Dejar un comentario  
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