Escrito el 21/03/08

Llegué a Vigo por la mañana después de un largo trayecto junto a espejos de agua en calma y montañas verdes. Supe de la cercanía de la ciudad en cuanto divisé el primer retal de mar, de un azul como el del cielo en ese instante, y en ese instante también, sentí una punzada de emoción en lo más hondo.

Las comisuras de la tierra hechas arena para fundirse con el agua salada. El amarillo transformado en verde. La illa de San Simón, las barcas de pesca rompiendo la homogeneidad de la superficie, el puente que  atraviesa la ría, el monte de A Guía –loma esmeralda- a la izquierda, las illas Cíes al fondo como un paisaje irreal. Y el tren que se detiene en la estación término.

Busco mi hotel y subo a la habitación –la 203- a dejar el poco equipaje que llevo. Cierro los ojos durante un momento, respiro profundamente y bajo a la calle.

El primer encuentro. X. está bien. Me cuenta mil cosas, compartimos el almuerzo y charlamos. Dice que siempre recordará aquel postre, charlotte de helado de vainilla con chocolate caliente y nueces. Como siempre, nos quedan cosas por contar.

Por la tarde veo a J. y paseamos juntos durante horas. Hablamos, sonreímos, nos quedamos en silencio, siempre acompañados por la cercanía de nuestros pasos. Del puerto pasamos a la parte alta de la ciudad. Nos detenemos en los cines de Vía Norte a mirar la cartelera. Recorremos la que fue mi calle. Miro mi casa desde abajo, habitada por otros. Ya no hay plantas en el balcón.

La ciudad siempre me parece en continua transformación. La noto cambiada como el niño que no se ve desde hace tiempo. Pero sé que jamás me gustará Vigo, tan caótico y gris, aunque adoro a sus gentes amigables y dulces como sus colinas, y la benevolencia del clima y las camelias, los naranjos y la mica que espejea en la piedra eterna de los edificios, las elegantes galerías de encaje metálico y el gusto gallego en el vestir. Y el mar de Vigo, resguardado de la ferocidad de las corrientes atlánticas. El infierno en el centro del paraíso.

Por la noche salgo con I. Quedamos para cenar. De nuevo, mil cosas que contar. Dice que estoy “divina”. Me río. Siempre me hace reír. Algunos edificios del casco vello están restaurados. Los pazos dejan ver con orgullo sus blasones, antes escondidos bajo la mugre. Crêpes y ensaladas deliciosas. Camareros con acento de ola. Cigarrillos rubios. Humedad. ¡Cuánto cuestan siempre las despedidas!

Traigo una concha de erizo para C. y una pulsera de nácar para R. Quisiera haber visto a G.N. y a S.B.; a más gente aún. No he tenido tiempo. Otra vez será. Es una deliciosa excusa para volver. La distancia es el camino para el regreso.

Escribo en el tren de vuelta a casa. Falta una hora para llegar y la luz del día ya se muestra inclinada.

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Published in: on marzo 24, 2008 at 9:57 am  Comments (1)  
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Escrito el 18/03/08

Ayer por la noche rompió a llover. Para unos representó una bendición para el campo; a mí me inundó de una agradable pereza.  

Pensaba atravesar el puente, ir a buscar la cámara de papá y salir a hacer fotos. De vuelta, quedarme a tomar un café con amigos en algún bar de la plaza y charlar sin tiempo, mientras mamá y la tía acudían a los oficios de Semana Santa. Pero preferí quedarme, aunque luego me acerqué a la estación a consultar horarios de trenes con dirección a Vigo. La calle desierta en una villa fantasma. La soledad y el tedio. Me detenía, de vez en cuando, ante escaparates de zapatos y de libros. Entré en una papelería a preguntar por las tarjetas postales de la zona que otras veces había comprado. La persona encargada en ese momento del establecimiento no sabía dónde estaban. Me marché después de mil disculpas y palabras que intentaban retenerme, además de un interrogatorio en toda regla sobre mi estado civil. “Aquí se aburren demasiado”, no pude evitar pensar de nuevo en la calle. Me crucé con D., quien me dijo lo guapa que estaba. Encontré unos regalos para mi tía y mi primo; mañana es el santo de ambos y estoy invitada a comer en un restaurante.

Ha salido el sol y escribo junto a una bonita chimenea que nunca se utiliza. Sigo leyendo Cómo asumir su propia identidad, un libro sobre meditación, escrito por Jon Kabat-Zinn, Plaza y Janés. Me acuerdo de M., quien lo ha prestado, y de mis compañeros de clase. No los veré hasta la semana que viene. Pienso también en mi gato y en la blancura de mi casa.

Mi ánimo es sereno y alegre.

Dentro de un momento me llamarán a comer.

Published in: on marzo 24, 2008 at 9:12 am  Dejar un comentario  
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Escrito el 17/03/08

El viaje fue bastante agradable, si bien no me pude detener demasiado a observar el paisaje, ya que estaba muy soñolienta y se me cerraban los párpados hasta caer, en ocasiones, en un sueño profundo. A pesar de todo, pude comprobar cómo el caudal del pantano del Luna, a poco de dejar Asturias, estaba más bajo de lo que nunca había visto. Apenas ha llovido este invierno y el campo lo acusa. Ahora, mientras escribo, entra un sol radiante por las ventanas del salón y por la galería del cuarto que me han asignado como dormitorio, donde el tío A. tiene un montón de macetas con plantas nuevas de tomate. El jersey azul que he lavado a mano hace un momento se secará pronto en la terraza a merced del viento. El clima es seco y quema algunas hojas como si fuesen cigarrillos encendidos. Pero hay prímulas, azaleas y pensamientos en todo su esplendor. El rosal enano promete bonitos brotes.

Cuando estoy sola, apenas noto ruido, si no es por el paso de algún coche o por las agujas móviles de los relojes que hay en casa. Noto también el delicioso canto de los pájaros que imagino sobre ramas floridas, o el cloqueo de las cigüeñas que anidan en los tejados de las casas de enfrente. Cuando llega gente, enseguida me turba el volumen alto del televisor, encendido e ignorado casi a todas horas, o el tono elevado de las voces de los que ya no tienen el sentido del oído en su mejor momento y se niegan a reconocerlo, bajo el pretexto de que ya son viejos.Pensar que se es viejo a determinadas edades es una actitud, no un hecho, y no me parece que ello sea excusa para hacer o dejar de hacer determinadas cosas y abogar, ya para siempre, por un mal gusto estético y una dejadez que claman al cielo.

Flores artificiales, muebles trasnochados, paredes sucias con relieves florales, parquet ajado, cajitas y adornos por todas partes, cuadros con pretensiones adquiridos en tiendas locales, recuerdos con inscripciones doradas, imaginería religiosa, collares de conchas pintadas, broches de fantasía, kilim falsos, figurillas de cristal de roca, dudosa porcelana china, fotografías de personas que han muerto y de jóvenes licenciados con toga de raso, algunos libros con el polvo incrustado en los cantos de las páginas, mármoles sin brillo, muebles de cubertería con borla colgante, aparatosos aparadores con vitrina, ceniceros, etc., todo ello símbolo de un “lujo” rural de no hace tanto tiempo y, sin embargo, tan caduco ya, lo mismo que sus propietarios.

Published in: on marzo 24, 2008 at 8:04 am  Dejar un comentario  
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Casi en camino

Fin de la segunda evaluación.

Me siento un poco cansada después de un intenso periodo de trabajo durante este tiempo. Pero enseguida estaré de vacaciones, considerando además que tengo los mismos días no lectivos que los alumnos. Dentro de un par de horas tendré mi última clase antes de estar libre. Explicaré a un futuro bachiller las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

He encontrado una guardería en la ciudad para que cuiden de Tito toda la semana que esté fuera. Incluso se han ofrecido a venir a buscarlo a casa. Queda todo preparado para que él esté bien y, por mi parte, ya tengo los billetes.

Mañana, domingo, parto a Galicia en horario de sobremesa. Mi intención es estar unos días en el pueblo con mamá y luego pasar por Vigo y acercarme a Santiago de Compostela. Tan sólo poder entrever un cambio de lugar inminente, aunque sea por poco tiempo, me llena el alma de oxígeno puro. El cambio, por pequeño que sea, supone siempre una renovación, y proporciona otra perspectiva al regreso.

Published in: on marzo 15, 2008 at 9:09 am  Comments (1)  
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A pesar de mis esfuerzos,

a pesar de mi vida,

a pesar de mis amigos,

a pesar de mi trabajo,

hoy, me siento vacía…

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Published in: on marzo 6, 2008 at 9:30 am  Comments (9)  
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