Escrito el 17/03/08

El viaje fue bastante agradable, si bien no me pude detener demasiado a observar el paisaje, ya que estaba muy soñolienta y se me cerraban los párpados hasta caer, en ocasiones, en un sueño profundo. A pesar de todo, pude comprobar cómo el caudal del pantano del Luna, a poco de dejar Asturias, estaba más bajo de lo que nunca había visto. Apenas ha llovido este invierno y el campo lo acusa. Ahora, mientras escribo, entra un sol radiante por las ventanas del salón y por la galería del cuarto que me han asignado como dormitorio, donde el tío A. tiene un montón de macetas con plantas nuevas de tomate. El jersey azul que he lavado a mano hace un momento se secará pronto en la terraza a merced del viento. El clima es seco y quema algunas hojas como si fuesen cigarrillos encendidos. Pero hay prímulas, azaleas y pensamientos en todo su esplendor. El rosal enano promete bonitos brotes.

Cuando estoy sola, apenas noto ruido, si no es por el paso de algún coche o por las agujas móviles de los relojes que hay en casa. Noto también el delicioso canto de los pájaros que imagino sobre ramas floridas, o el cloqueo de las cigüeñas que anidan en los tejados de las casas de enfrente. Cuando llega gente, enseguida me turba el volumen alto del televisor, encendido e ignorado casi a todas horas, o el tono elevado de las voces de los que ya no tienen el sentido del oído en su mejor momento y se niegan a reconocerlo, bajo el pretexto de que ya son viejos.Pensar que se es viejo a determinadas edades es una actitud, no un hecho, y no me parece que ello sea excusa para hacer o dejar de hacer determinadas cosas y abogar, ya para siempre, por un mal gusto estético y una dejadez que claman al cielo.

Flores artificiales, muebles trasnochados, paredes sucias con relieves florales, parquet ajado, cajitas y adornos por todas partes, cuadros con pretensiones adquiridos en tiendas locales, recuerdos con inscripciones doradas, imaginería religiosa, collares de conchas pintadas, broches de fantasía, kilim falsos, figurillas de cristal de roca, dudosa porcelana china, fotografías de personas que han muerto y de jóvenes licenciados con toga de raso, algunos libros con el polvo incrustado en los cantos de las páginas, mármoles sin brillo, muebles de cubertería con borla colgante, aparatosos aparadores con vitrina, ceniceros, etc., todo ello símbolo de un “lujo” rural de no hace tanto tiempo y, sin embargo, tan caduco ya, lo mismo que sus propietarios.

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Published in: on marzo 24, 2008 at 8:04 am  Dejar un comentario  
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