Los abedules se mueven con la brisa y sus pequeñas hojas originan destellos bajo el sol. Es por la tarde, la hora del café. Los escaparates del otro lado de la calle muestran rótulos de rebajas o liquidaciones en letras enormes sobre colores vivos. Y la casa permanece fresca, en ligera penumbra, los visillos con mordiscos violentos de luz.

 

El gato y yo nos sentimos perezosos y alegres, a veces dormitamos deliciosamente entre la calma y el desorden consentido. Los cuadernos en blanco a mi disposición, los libros que leer, los lienzos que pintar, la cama por hacer. No hay prisa, nada importa; es verano y la hora del silencio.

 

Pero más tarde sonará el teléfono y romperá este hechizo para devolverme al mundo de los otros.

 

Mamá se recupera bien tras la operación. Dentro de unos días podré ver a J. después de hace seis meses. P. me cuenta que ha estado en Nueva Zelanda por trabajo y que a U. le queda un mes para salir de cuentas. M. proyecta un viaje a Roma.

 

Y yo, mañana, me marcho a ver el mar.

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Published in: on julio 15, 2008 at 2:44 pm  Comments (1)  
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  1. Alén do mar fican os meus soños,
    axiña, axiña voltarán as gaivotas coas lembranzas,
    nese intre, cando o sol recolla as miñas esperanzas,
    poderás le-lo amor nos meus ollos.


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