Poemas: transcripción y dedicatoria

A los poetas, a todos los que siempre serán niños, a D., a mi gente gallega, a Anxo Angueira

HOMENAXE A RILKE

A voz baixa polas vellas paredes

deica o lume que fica nas rosas,

a voz coma unha man

que xa non sabe como atopar a súa sombra na luz

Ser arbre, ser unha fonte ou unha cantiga,

facer do vento unha ollada celestial

na que as palabras non se murchan xamais

e sorrí un neno

Alguén está moito máis lonxe de todos nós

e asemade moi más pretiño

coa chama

como se xogase con espellos para dicirnos

que non hai inverno no corazón e

el é o dono da derradeira pomba

E esa rosa que se murcha

é un grande segredo que se perde

Álvaro Cunqueiro


A S.

PANDÉMICA Y CELESTE

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Jaime Gil de Biedma

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Published in: on enero 25, 2009 at 6:24 am  Comments (3)  

Flash back

Han sucedido muchas cosas en muy poco tiempo. Me he tomado un descanso para meditar durante un buen rato. Siempre me sienta bien. Esta vez he puesto música al mismo tiempo y he conseguido entrar en una especie de hipnosis voluntaria muy agradable.

Hoy no me siento del todo bien; me duele el vientre, habiéndose preparado para este malestar durante casi un mes, como precio por la edad fértil. Mañana acudo por la mañana a una entrevista de trabajo en la Diagonal. Según lo que me digan, decidiré si ir o no a otra a la que fui convocada el martes por la tarde junto a la Sagrada Familia. Será necesario tomar una decisión, lo cual, lejos de asustarme, me produce el bienestar de saber que voy a seguir algún camino. En cualquier caso creo que si surge alguno de los dos trabajos, tendré tiempo suficiente para desempeñar otra actividad.

N. ha alquilado un local en el espacio que se está desarrollando bajo el nombre de proyecto 22@. Con ello quiere perseguir -y acaso alcanzar- la realización de uno de sus sueños; la creación de un taller artístico a su cargo. El mes que viene expone algunas de sus obras en las paredes de un café de la ciudad en el que estuvimos la otra tarde. Con las ventas…

Hace frío, demasiado frío estos días, aunque no hace mucho que me puse un jersey por primera vez este otoño. El paso del tiempo se ha dejado notar a través de las hojas de los árboles. Es tarde ya, apenas queda un mes para el solsticio. Los días son tan breves que me parece vivir en una noche eterna, a no ser por la pequeña tregua que ofrece el destello del  broche plateado del alba, demasiado temprana siempre.

Aunque todavía no trabajo con intensidad, encuentro siempre donde ocupar el tiempo. Me da la impresión de que no es posible aburrirse ante la amplia oferta de esta ciudad. En esta época, con sólo salir a la calle a mirar los escaparates de Navidad, resulta más que suficiente, pues Barcelona es coqueta y espléndida. Pero hay otras cosas que me llenan el alma de alegría, lo mismo que el placer de respirar aire frío. Me he apuntado a un grupo poético que se reúne los domingos por la tarde en un garito del barrio medieval con vistas a la hermosa y elegante Plaça del Rei. Alrededor de una taza caliente o una cerveza buscamos el sentido del mundo y de las palabras, leemos y pensamos, hablamos y escuchamos, y entretanto los alientos se confunden y se transforman en un fluido eternamente joven.

Dentro de un mes habrá una representación de unos textos de una escritora catalana. Me encargaré de contribuir a decorar el escenario con diversas flores de origami. Estamos diseñando el programa de mano, en el que se me ocurre que el texto quede reunido en la corona de pétalos de una flor sencilla. Pero todavía tengo que hablarlo con el director.

Me encuentro bien en este momento, sentada ante un café en un establecimiento de la Plaça del Pi, rodeada por calles de piedra frecuentadas por no demasiada gente a estas horas de sobremesa. Una tarde paseé por aquí con M. y fue agradable quedarnos a charlar con los pintores que exhibían sus obras, mirar escaparates y tomar un vino en una taberna. M. me regaló música y textos; yo, un cuaderno y figuras de papel que hacía con servilletas. Hablábamos, reíamos, callábamos en grata compañía.

Agradezco a M. aquella mañana en el Parc de la Ciutadella, adonde llegamos por casualidad, el sol calentándonos la espalda mientras hablábamos de recetas y otras cosas, de la vida misma en definitiva. Luego la perdí en una entrada de metro de la línea roja hasta que volví a saber de ella a través de sus palabras y su gratitud por las golosinas de violeta.

Esta mañana llamé a P. de camino por el Eixample pero no estaba en casa; en otro momentos nos veremos.

Os agradezco vuestra bienvenida, amics cataláns, y os entrego el calor de mi corazón en estos días helados.

Published in: on enero 15, 2009 at 6:03 pm  Comments (1)