Es temprano pero estoy pendiente de una llamada. Después de haber asistido a las clases de todo el curso de catalán que me corresponde, no puedo ir al examen que se convoca el día 30 porque esta semana he comenzado a trabajar de nuevo y mis horarios, para una y otra cosa, coinciden. Pero mi profesor me ha dicho que lo arreglaría y ayer recibí una llamada suya que no pude contestar y que quedó reflejada en un mensaje de voz en el que decía que quizás el examen para mí fuese hoy. Intenté llamarlo varias veces pero no pude localizarlo, y luego ya me pareció demasiado tarde para molestar a nadie. Mientras espero alguna noticia, me quedaré repasando los pronoms febles, la conjugación verbal, el vocabulario, etc. Si no pudiera hacer el examen, tampoco se acabaría el mundo por eso. Y no hay mal que por bien no venga; lo que estudie me servirá en cualquier caso. Ya es mucho que me hayan pasado al Elemental2 desde el Bàsic1. Ya es muchísimo lo que he podido aprender en poco más de dos meses.

El “Voluntariat per la llengua” es una iniciativa interesante y loable que no había conocido en otro lugar. Se trata de que un voluntari, una persona que dona su tiempo y sus conocimientos sobre el catalán a alguien que quiera aprender, quede con el interesado una vez por semana para tener una conversación distendida -en situaciones normales de habla-. Ayer J. -mi voluntari- y yo -su aprenenta- estuvimos hablando más del tiempo indicado y fue entretenido, ameno, interesante, instructivo e incluso divertido. Quizás no exista mejor ejemplo de normalización lingüística. Cuando se fue, incluso me habló de que las nubes que se veían a lo lejos, bajas hasta el horizonte, podrían darnos una sorpresa por la tarde a pesar de que en el momento en que me lo decía hacía un sol radiante. Y acertó; a la salida del trabajo, ya de noche, llovía y hasta me pareció agradable mojarme un poco para olvidar el calor del día, así que no me precipité a cruzar la avenida para esperar el tranvía, cuya parada, justo enfrente, albergaba a un grupo de personas reunidas bajo su marquesina a quienes no se les había ocurrido ni remotamente llevar un paraguas.

He recibido una llamada de mi profesor. Si me vuelve a llamar, el examen será hoy a las tres de la tarde; si no me llama más, será el próximo martes a la misma hora.

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Published in: on junio 26, 2009 at 1:22 pm  Comments (2)  

Published in: on junio 22, 2009 at 12:47 pm  Dejar un comentario  

La rosaleda del parc Cervantes

Para E. en el día de su cumpleaños

Hace algo más de un mes nos acercamos una tarde de sábado o de domingo, ya no lo recuerdo, a la rosaleda. No podía estar muy lejos, ya que es un lugar que solía frecuentar de muy pequeña con mi familia y llegábamos allí caminando desde casa. El lugar se había borrado de mi memoria, pero sabía de él por las cosas que siempre cuenta mamá, aunque, según lo que dice, no se parece a lo que ella también conoció en otra época. Por eso y por otras razones quiero volver a disfrutarlo en su compañía.

Hace treinta años, por lo visto, apenas estaban diseñados los parterres y colocados los arcos, apenas plantados los primeros rosales o muy jóvenes todavía, apenas trazados los caminos entre las zonas verdes, apenas puestos los bancos donde sentarse. Hoy día la rosaleda es una isla abierta al cielo, un paraíso al final de la siempre frecuentadísima avenida, un alivio para el paisaje urbano y para el ajetreo. Como no la recordaba, como no la esperaba así, me sorprendió como si la hubiese visto por primera vez.

Llegamos allí como por intuición, pues no sabía exactamente dónde estaba. Justo en el límite entre nuestra población y el barrio de Pedralbes, cruzamos la Avinguda d’Esplugues y enseguida nos encontramos ante los setos que, discretos, indican la entrada al parque. Sabíamos que era allí porque había unos carteles que anunciaban el concurso anual de rosas, pero sobre todo porque, aún no habiendo podido ver nada de aquello, un aroma finísimo a polvillo de estambre contagiaba el aire más próximo.

El lugar se distribuye en una pendiente suave atravesada por senderos limitados por hileras plantadas de numerosas variedades de rosas clasificadas, de todo tamaño, aroma y color -blanco puro, crema, rosa tierno, malva, amarillo, naranja melocotón o llama, carmín, rojo intenso, jaspeado…- de pétalos rizados o lisos, de corolas abiertas o cerradas, de nombres y apellidos tan sugerentes y distinguidos como los de algunas personas. Las flores remontan también en un desorden ordenado, donde las dejan crecer más salvajes, las jambas y dinteles de estructuras de madera y curvas de arcos, se enredan en las separaciones de cada espacio o se dejan caer en cascadas escalonadas hasta que termina su dominio. En ocasiones, la mirada puede relajarse en un punto en el que sólo hay una alfombra de césped bien recortado, un olivo  de tronco retorcido y hojas plateadas o una blanquísima estatua sedente al estilo de las de Clarà. Nunca en toda mi vida había visto tantas rosas juntas. La sensación visual me llevó a algo semejante a los jardines de Monet o a los cuadros más coloristas de flores cultivadas o silvestres que pintaban los impresionistas, con la nota añadida, exuberante y magnífica, de la voile de parfum que nos emborrachaba agradablemente. Lo que lo hizo mágico fue la suma de sensaciones que nos rodeaban, una verdadera y completa experiencia plein air, la alegría del contacto con la naturaleza, aun a pesar de ser en la gran ciudad, y quizás, precisamente, por eso mismo.

rosaleda parque de cervantes

Published in: on junio 19, 2009 at 4:00 pm  Comments (2)  

Regresos y progresos

A los que quiero

A mí misma

Hace tiempo, mucho tiempo, que mi estado anímico no era tan bueno. A menudo miro hacia atrás, no para recrearme dolorosamente en el pasado, sino para verlo todo con perspectiva, con objetividad, y me doy cuenta de que ahora no podría vivir como lo estaba haciendo hace un año o mucho más, ni en un lugar que por las circunstancias ya no me pertenecía. Lo perdí todo excepto a los amigos -el bien que se extiende ad infinitum-, y por eso mismo me quedó un vacío que volver a llenar, el principio de un espacio desde donde recomenzar una andanza. Lo arriesgué todo y gané en el intento.

También me he dado cuenta de algo que quizás hace tiempo había olvidado. Me di cuenta de que soy una persona vital como el sol -D., un ser adorable, dice que soy luminosa y que percibe en mí algo así como un aura color amarillo-, aunque con un punto inevitable de melancolía que se manifiesta a veces, la cicatriz que me ha dejado impresa el paisaje nunca horizontal de mi tierra, pero no triste como a menudo, hasta las lágrimas, lo había estado durante una eternidad. Debo agradecérselo al cosmos, al tiempo, a algunas personas, a la  bienhechora luz del Mediterráneo, a mi propia voluntad.

Nada ha sido fácil, nada lo sigue siendo. En algunos aspectos debo reinventarme. No tengo pareja y no importa; este momento es para mí. No tengo casa, pero sí un hogar. No tengo empleo pero ya he podido trabajar en tres lugares, en uno de los cuales se me ha recibido mejor que en toda mi vida -gracias, mis queridos profes-. No tengo coche, pero sí una buena red de transporte público que me lleva adonde quiero. No tengo dinero, pero sí la posibilidad de tenerlo y una gran fortuna en otros bienes. No tengo hermana pequeña, pero sí una deliciosa hermana mayor. No saldré de viaje este verano, pero podré visitar la maravillosa ciudad en la que vivo. No conocía a nadie, pero mi afecto se decanta ya por algunas personas. No sabía catalán, pero he avanzado como no imaginaba.

La manera de aprender algo es no sabiendo nada. La manera de aprender a vivir es siendo un inexperto y cometiendo errores. La manera de ser feliz es comprender que la vida no es más complicada de lo que queremos hacerla. Y la suerte, como no me canso de repetírselo a mis alumnos cuando los tengo, es el resultado de la suma de algo favorable con muchas dosis de trabajo personal.


Published in: on junio 6, 2009 at 2:09 pm  Comments (2)