Desasosiego

Me siento exactamente igual en algunos aspectos que cuando tenía dieciocho años y llenaba folios contando mi malestar por algún asunto que me desagradaba en casa, en los que expresaba, entre otras cosas,  las ganas que tenía de conquistar mi independencia y mi intimidad. Dicha conquista siempre ha sido para mí un objetivo, aunque debo reconocer que nunca lo he alcanzado al cien por cien. Al principio pretendía irme a estudiar fuera, lo cual no fue posible porque en casa éramos cuatro adolescentes estudiando al mismo tiempo y nadie tenía preferencias sobre otro -nos limitamos a escoger estudios que pudieran cursarse en nuestra localidad-. Nunca pude gozar de habitación propia, pues los dormitorios estaban dispuestos de dos en dos. Hasta ahí, lo acepto como una situación normal familiar; en contrapartida, buscaba mi sosiego en las largas tardes de invierno frente a mi escritorio, en los paseos dilatados por la ciudad, en mi propia mente, siempre evadiéndose en ensoñaciones. Más tarde, acabados mis estudios universitarios, la vida me llevó a otro lugar donde encontré mi espacio, a menudo compartido, pero más desahogado que antes. Una habitación propia por primera vez, decorada e iluminada a mi gusto, mía en ese instante, de nadie más, pagada con mi dinero. Y me sentía bien. Luego encontré una pequeña buhardilla donde me quedé a vivir en compañía libremente elegida y donde creo que fui bastante feliz, a pesar de la dureza de algunas situaciones. Me entristecía la sentencia de mamá las pocas veces que vino a vernos: “no me gusta vuestra casa, no se ve la calle desde allí”. Nos marchamos de la buhardilla cuando los libros y otras cosas ya no nos cabían bajo las camas. Encontramos un bonito piso en un bulevar, mucho más espacioso, lleno de luz, donde permanecimos hasta que nuestra relación ya no dio más de sí. Yo me quedé algún tiempo más. De nuevo volví a disponer de todo el espacio. Supe entonces con certeza que siempre podré seguir adelante por mí misma. Pero entonces las cosas cambiaron. Desaparecido el motivo que me había llevado hasta aquella ciudad, me sentí absolutamente perdida. Varias personas me animaron a mudarme de nuevo, a venir a vivir donde estoy ahora. Y aquí estoy, después de casi un año, con sus aventuras y desventuras, después del peor recibimiento que se me pudo hacer por parte de una persona tan próxima como mi propia hermana, después de haber reconquistado la calma y el bienestar, para caer de nuevo en una situación incómoda. El piso es de mamá. Eso lo complica todo. Por una parte, no pago renta mientras voy encontrando un modo más o menos digno de vida; por otra, tengo que cumplir sus condiciones. Normalmente me encuentro bien, excepto cuando ella viene de visita y se queda durante un tiempo. El último mes no ha sido agradable. No se doblega a nada. Nunca lo hará. Nunca admitirá sus errores. Me agota su tono de voz, su omnipresencia, su orgullo, su afán de dominio, su religiosidad. Me exaspera que la culpa de todo la tenga Tito, el gato, como si fuese una extensión de mi persona. Me angustia su habilidad para adelantar acontecimientos: “cuando esté enferma, lo natural será quedarme en casa de alguno de vosotros, por eso os aguanté yo de pequeños”. Es demasiado pronto para pensar en eso; sin embargo, nos ata corto. Siente ya que M. se haya marchado de la casa familiar, como si alguien -su pareja- le hubiese arrebatado algo que le pertenece. Tiene miedo de la soledad y se esconde en  la armadura que siempre ha llevado. Y yo, visto lo visto, adopto la postura de baronesa rampante y comienzo a buscar piso. Alea jacta est.

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Published in: on septiembre 14, 2009 at 1:03 pm  Comments (7)  

A ti

Si pudiera escribir sin palabras

Te pediría que leyeses, ahora,

La vainica sencilla que

Desciende hasta la curva ascendente de mi pecho

O la forma infantil de mis uñas sonrosadas,

Y que luego siguieses leyendo mis labios en silencio,

Sin detenerte,

Como si todo mi cuerpo fuese una novela

Que no se termina para tus ojos


Sálvame de la vida,

Tráeme el otoño que tanto deseo

Sin preguntarme nada

Published in: on septiembre 10, 2009 at 4:26 pm  Comments (2)