Sin duda escribir es un hábito, como lo son gran parte de los actos vitales. Sé que debería retomar la escritura de un modo regular, lo sé, la escritura como expresión, como terapia, como reordenamiento de pensamientos y recuerdos que a menudo llegan a la mente sin orden ni concierto, como recreación de la realidad, como modo de no perder la corrección escrita, tantas veces descuidada en estos tiempos. No me parece un mal momento, en absoluto, hacerlo en el tiempo que discurre entre que llego a la estación y la entrada al trabajo; a menudo los horarios del transporte público no se adaptan a los nuestros propios. Y así, después de haber terminado la ensalada que me he acordado de meter en la bolsa de los libros, he cogido el cuaderno de turno, del que muy pronto se extinguirá el papel en blanco, y me he puesto a redactar unas líneas.

Desde casa se veía el cielo encapotado; aquí mismo, el sol ilumina los espacios que no tapa la marquesina, mientras los trenes de ida y vuelta van pasando casi silenciosos si no se les presta atención, pero transportan sombras y claridades que parecían fijas, de manera que hasta con los ojos cerrados podría intuir su paso hasta el tramo exacto donde se detienen.

Falta un cuarto de hora para que la clase comience. Como debo atravesar un patio grande, me dispongo a entrar. Volveré a ver los árboles de siempre ya sin flores, empolvadas sus hojas tiernas con las partículas de la fábrica que remueve el viento. Y, de vuelta a casa, la transcripción.

 *

Hace semanas que los almendros tienen hojas. Apuntan sus frutos como envueltos en terciopelo, tiernos todavía, formándose. He podido observar en nuestro granado los primeros botones que serán flores de un anaranjado intenso. El jazmín, en un rincón soleado, comienza a estirar sus brazos por las paredes como despertando de una siesta. Ha llovido recientemente y, con la lluvia, han vuelto los aromas.

El trocito de planta crasa que parece una rosa de carne verde, recogido el otro día en el patio, sobrante de algún arreglo de otro piso, ha enraizado bien y crece en proporciones áureas. Me maravilla. Los dos primeros indicios de flores de gardenia, la más consentida. Recorto dos esquejes de un geranio que se ha vuelto tan grande que desequilibraba el peso de la base. Rompen la tierra brotes desconocidos. Terminado el curso de bisutería -diseño, creación de cuentas y montaje-, empiezo uno de cerámica escultórica.

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Published in: on mayo 11, 2012 at 8:13 am  Comments (1)  

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  1. un placer leerte


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