Primer día de clase en empresas después de las vacaciones. Retomamos los conocimientos del curso pasado y comenzamos a estudiar temas más complejos. De camino, encuentro las matas silvestres que dejé verdes a finales de julio, completamente secas. Algo ha llovido, aunque nunca es suficiente. La humedad de la lluvia reciente ha propiciado que guirnaldas de caracolillos se encaramen con fuerza a los tallos dorados.

Anoche volvimos a casa después de una sesión de cine en una sala como las de antes. Fuera brillaban las aceras mojadas y sólo alguna gente advertida llevaba paraguas. Nada nos pareció más adecuado que ir a ver una película. El título: Una casa en Córcega, relato sobre una historia que podría ocurrirnos a cualquiera. Hace tiempo, mucho tiempo, que no busco fantasía en el séptimo arte, sino más bien recreación de la realidad, aunque a menudo la realidad resulta más fantástica que la ficción.

Me gusta participar de la luz natural en el aula cuando eso es posible. Ya no hace tanto calor, aunque el sol sigue luciendo espléndido. Septiembre siempre me ha parecido el mes más agradable. En cuanto a las clases, el primer día en cualquier lugar, aunque sea conocido, me devuelve los nervios de una primera vez. Nunca deja de ser una primera vez, si suponemos que el tiempo es lo que proporciona el aspecto de cambio. Siento algo como lo que creo que sienten los actores de teatro antes de salir a escena cada vez que comienza su espectáculo ante el público. Lejos de parecerme algo insuperable, lo interpreto como un cosquilleo necesario de ilusión, como la víspera de aquel primer día de escuela en que volveremos a ver a nuestros compañeros de pupitre.

Esta misma tarde comienzas tú también las clases de piano. Me hace tanta ilusión como si yo misma fuese la alumna. Nos veremos a la puesta de sol y volveremos juntos a casa.

Espero; me he pasado parte de mi vida esperando trenes, noticias, resultados, personas, amigos, amores, oportunidades, alumnos, nacimientos, muertes, pagos, justicia… Y dicen que lo bueno se hace esperar; a veces sí, sin duda. La espera, la paciencia, es algo que ha forjado tanto mi personalidad, que ha llegado a ser, junto con mi voluntad, el rasgo que considero más marcado de mi carácter. Si hubiese sido impaciente en muchas ocasiones o circunstancias, me habría perdido saborear en plenitud muchos eventos que me han servido para escribir tantas líneas.

Anuncios
Published in: on septiembre 18, 2013 at 11:20 am  Comments (1)