II

El verano transcurrió entre burocracia y un breve viaje a Galicia.

Terminados los exámenes de oposiciones y habiendo sabido los resultados -suspenso, lo cual podía fácilmente esperarme dado el poco tiempo que llevaba estudiando- me puse a investigar cómo había que hacer para llegar a formar parte de la lista de profesores “en reserva”, a quienes pueden ir llamando por orden en un momento u otro. Los requisitos los cumplía todos -ser licenciada, tener el CAP o equivalente y ser poseedora del nivell C de llengua catalana-, y a pesar de ello, la cosa no resultó fácil, lo cual también me esperaba de antemano, ya que no fueron pocos asuntos que tuve alegar, aportar, demostrar, firmar, compulsar… La primera vez que fui a apuntarme, no conseguí dejar el proceso cerrado -típico de la administración en este país-; la segunda, finalizado ya el mes de julio, supuso un “admès” en la bolsa. He podido apuntarme por dos especialidades, Lengua castellana y literatura y Francés. En la primera figuro muy lejos en la lista; en la segunda, apenas tengo cincuenta personas delante, así que todo puede ser; es cuestión de esperar, supongo.

La llegada de agosto. La ciudad se vacía y hace mucho calor, pero también es el momento de acercarse hasta el mar a la hora del atardecer y de permanecer charlando en un terraza tomando cerveza fría hasta bien entrada la madrugada. Ya no hay prisa. Ya no me pongo el reloj. Pienso en Galicia, adonde no he vuelto desde que llegué a Barcelona -hace ya tres años-, puesto que los dos veranos anteriores me tocó trabajar. Pero el último decido tomármelo libre; ha sido intenso el esfuerzo de estudiar, tanto para conseguir mi título de catalán, que obtuve en febrero, como para luego presentarme al examen de oposiciones. Buscaré trabajo a mi vuelta. Mientras tanto, sólo pienso en el momento presente.

Llegada a Petín con casi cuarenta grados. El calor es sofocante y hace un sol de justicia, pero no hay humedad ni contaminación. Huele a higuera, hoja de vid e insectos. El interior de la casa está fresco. Le enseño a E nuestra habitación y cada estancia. Incluso a mí, todo me parece una novedad. Por fin mamá ha colgado los cuadros que se trajo de la casa de Vigo. Se muestra amable con E, pero arisca conmigo. Respecto a eso, nada ha cambiado. Sé que jamás podré convivir cordialmente con ella. Sólo me habla del JMJ y de la visita del papa a Madrid. Nada más llegar, me exaspera -discute hasta mi manera de hacer un bocadillo-, por eso he decidido quedarme pocos días.

El mar de Vigo, después de haber dejado atrás los ríos verdes que surcan la provincia de Ourense. El mar, de nuevo el mar y la emoción del paisaje repartido en colinas. La frescura de una noche estrellada, el abrazo infinito a dos amigos -casi tres, pues a M le queda apenas un mes de embarazo-. Les regalo una caja de música con una melodía desconocida. Y me siento muy feliz.

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Published in: on noviembre 1, 2011 at 1:32 pm  Comments (2)  

I

Escucho a Mozart, el Concierto para clarinete. Las puertas cristaleras que dan afuera desde el salón están entreabiertas y los visillos leves como alas de insecto se levantan con la corriente. Hace un momento estaba desayunando. Anoche me desvelé durante unas horas y, ya habiendo amanecido, conseguí quedarme dormida.

Estoy pasando una temporada sola en casa mientras J se ha marchado de vacaciones. El piso está limpio y ordenado después de haber acabado las reformas que duraron meses. Parece un espacio nuevo, aunque tocado por la impronta del tiempo. Es como una persona de apariencia joven que ya ha experimentado mucho en la vida. Y es sumamente agradable; quizás el lugar más bonito donde haya vivido nunca. No podíamos dejar que se echase a perder. Ahora el suelo es de madera blanca con veteados grises. La claridad del suelo unida a la de las paredes ha agrandado a la vista los espacios y los ha aligerado. Todas las puertas son ahora de madera clara y dos de ellas, las que separan espacios en el pasillo, tienen grandes vanos rellenos de vidrio trabajado en ondas; la transparencia y la intimidad. La luz del recibidor se tamiza a través de la pantalla de una lámpara que parece de caramelo. Permanecen allí los carteles de ópera que coloqué con M a mi llegada. En el salón, al fondo de todo, hemos puesto sobre la chimenea el bodegón de Kalf, justo enfrente del que ya había de Caravaggio y, sobre la pared de madera, un gran póster de dioses y héroes de la mitología griega, ilustrado con vasijas y objetos de figuras rojas y negras. Los numerosos estantes, todavía por llenar, exhiben un multicolor universo de libros, discos y películas. Franqueando la gran cristalera, como en Alicia a través del espejo, está el patio ajardinado, que mimo con delicadeza. Un fragmento de paraíso desde donde sólo se oyen los pájaros. Mantengo la hiedra siempre bien recortada y miro que los árboles no alarguen tanto sus ramas como para molestar el paso de una persona bajo sus copas. Ahora la del granado pesa más, como si sintiese la gravidez de un embarazo, pues sus frutos, ya bien formados mucho después de haber desparecido las flores color naranja intenso, pesan como criaturas que no tardarán más de un mes en madurar del todo. Deforman su cuerpo y al mismo tiempo lo embellecen. Una gran sombrilla en el centro, en el espacio que los árboles no alcanzan a cubrir, protege una mesa de madera con cuatro sillas de asientos mullidos -Carey, la gata tricolor de alguna casa vecina, suele dormir encima de uno de ellos-. Sobre la mesa, una gardenia florecida adorna el aire con su delicioso aroma de flor de crema.

Intento reproducir un árbol de jade y he plantado semillas de lunaria annua.

Published in: on julio 30, 2011 at 12:30 pm  Comments (1)  

hoy he querido recordarte

a Faustino Guillén Almarcha, una estrella

Con él supe lo que es la vida y también lo que es la muerte. Una tarde de agosto nací de una parte de su carne; una mañana de abril asistí a una despedida lenta e infinita que el tiempo jamás sabrá medir exactamente.

Cuando todavía tenía el don de la palabra, solía contar lo bien hecha, pequeña y redondita que era cuando nací. Como mi familia no vivía en aquella época en mi ciudad natal, mi padre había comprado unas postales y un bolígrafo para hacer partícipes del feliz evento a algunas personas queridas. Me regaló aquel Parker color burdeos el día de mi veinte cumpleaños, aquella tarde tibia con aroma a rosas de té, y lo conservo intacto como piedra preciosa y eterna.

Me fui levantando a la vida siguiendo el rastro de la música que ponía en el radiocasette antiguo del salón soleado las mañanas que no había trabajo ni colegio y permanecíamos en la cama hasta tarde. Sonaba música de ballet, Vivaldi, Stravinsky o Falla.

Nos llevó la primera vez al cine. Fuimos a ver Bambi y no quise volver otras veces porque “no me gustaban las de marcianos”.

Recuerdo el metro en la gran ciudad, el calor, el ruido, la gente buscando una sombra y él parándose conmigo bajo la marquesina de un quiosco para proporcionarme un bálsamo, una tregua de aire fresco bajo una luz mediterránea intensísima. Me compraba un helado de corte y me decía: “shhh, no digas nada, es un secreto”, y yo, tan pequeña, me sentía la persona más importante del mundo. Una tarde, de su mano, me detuve en una farmacia y quise ser tan niña como el día del helado: “Papá, cómprame un chupete que aún soy pequeña”. Accedió gustoso a mi capricho y seguramente se había llevado además una cajita de pastillas Juanola o Valda (desde 1901), que tanto le gustaban.

En una ocasión lo perdí todo jugando al parchís y cuando mis hermanos se habían ido ya a dormir y nos quedamos solos en el salón, me puso en la mano la calderilla que había ganado con su juego. Me fui a la cama llorando de emoción.

En las paredes de mi casa recuerdo siempre colgadas dos máscaras de teatro y una Atenea modeladas por él. Las mismas paredes ostentan aguadas de tinta china y acuarelas firmadas con el apellido de la familia paterna, obra de aquel hermano suyo tan buena persona, artista, gran jugador de ajedrez y aficionado a la fotografía del que hablaba con un cariño inmenso y que la tuberculosis me impidió llegar a conocer.

El desván, un paraíso en ruinas desde que sus pies y su pensamiento dejaron de caminar, se queda esperando inútilmente a que inmortalice mi rostro en arcilla. Pero reposan allí sus marionetas y sus aviones, sus mecanos y herramientas, sus cajas llenas de tubos de óleo, carboncillo, sanguina y barritas conté, sus dardos, su carabina y sus cañas de pescar, que deben quedarse hablando muy bien de él cada vez que cerramos la puerta antes de bajar.

Tengo el corazón herido de gratitud y de dolor. Quiero imaginar que vuelves caminando por el pasillo en zapatillas y nos llevas poniendo nuestros pies infantiles sobre los tuyos, después de habernos dado un beso en la mejilla sin haber retirado la espuma de afeitar de sales.

Published in: on abril 1, 2011 at 3:49 pm  Comments (2)  

cuestionario Proust

¿El rasgo principal de tu carácter? La paciencia, la voluntad.

¿Qué cualidad prefieres en los hombres? La ternura.

¿Y en las mujeres? La ternura.

¿Qué es lo que valoras más de tus amigos? La lealtad.

¿Qué defecto aborreces de ti? El perfeccionismo.

¿Cuál es tu idea de felicidad? Una colección de instantes eternos.

¿Cuál es el colmo de la miseria? No saber salir de ella.

¿Dónde te gustaría vivir? En un lugar hecho de los rincones más hermosos que conozco.

Escritores favoritos: Proust, Sthendal, Flaubert, Chejov, Hugo, Cunqueiro, Rodoreda…

Poetas favoritos: Los anónimos.

Héroe de ficción favorito: Jean Valjean.

Heroína de ficción favorita: Amélie Poulain.

Compositores favoritos: Debussy, Ravel, Satie, Chopin, Granados, Schubert, Rachmaninov…

Pintores favoritos: Odilon Redon, Picasso, Matisse, Chagall…

Nombres favoritos: Mar, Gema, Estel, David, Siro…

¿Qué es lo que más aborreces? La mala educación, la ignorancia voluntaria, la tacañería, la envidia.

¿Qué talento te gustaría tener? Ser buena para el cálculo.

¿Cómo te gustaría morir? Sin sufrimiento.

Estado anímico actual: Equilibrado.

¿Cuál es tu lema? “Festina lente”, “Hedonismo sostenible”, “Possunt quia posse videntur”

Published in: on marzo 11, 2011 at 8:27 pm  Dejar un comentario  

Llueve sobre los patios. No ha dejado de hacerlo desde anoche. Los jardines, los parques, los montes lo necesitan. La primavera ya se deja ver y con la humedad se acrecientan sus aromas. A veces no reconozco algunos, aunque no me dejan indiferente; la flora del mediterráneo es distinta de la que yo conozco tan bien, pero no me confundo ante un pitósporo o una mimosa. A nuestro granado todavía no le han salido las hojas, ni siquiera puede verse aún la promesa de brotes tiernos, pero, como en celosía, muestra su transparencia una copa enorme de almendro florido que habita detrás, en el terreno protegido por el ayuntamiento y separado de la calle por una firme verja pintada de verde, donde comienza el pequeño Jardinet d’en Muns, un recorte entre la aceras, con sus muros tapizados de hiedra, sus acacias, sus bancos y sus farolas.

Intento reproducir un arbolito de jade y alguna especie más. Quizás en unos días las raíces asomen entre el agua con que he llenado una pequeña lata de guisantes. Con el último dinero que he ganado compraré una planta de jazmín para que se agarre a la esquina que queda entre los dos muros de la derecha. Ya imagino su perfume envolvente en las cálidas noches de verano mientras las estrellas lucen casi intactas sobre nuestras cabezas.

Ya tengo mi título de catalán, el que me habilita para apuntarme a la lista de interinos y para acceder al examen de oposiciones. Ahora debo ser constante y organizada para el estudio, lo cual no siempre me resulta fácil. Además, de las 200 plazas que se preveían para profesores de Lengua castellana y literatura, ahora se han quedado tan sólo en 80 para toda la comunidad y el caso es que, aún hablándose de todo ello, no se ha validado realmente la convocatoria oficial en el DOC. No importa; pase lo que pase lo intentaré de igual modo. Por eso, no quiero comprometerme en este momento con un empleo que me saque demasiado tiempo para estudiar, pero sí estoy disponible para hacer suplencias de pocas horas, sea en días esporádicos o con más regularidad. Me voy ayudando económicamente de mis ahorros y de las clases particulares que puedo dar cerca de casa. Nunca nada es tan complicado como parece. Sí, ahora lo digo, pero alguna vez me ha desbordado la ansiedad, ese fantasma que me inunda de niebla el cerebro y no me deja pensar con claridad, en deinitiva, creo que podría traducirlo como miedo a temer algo o miedo al miedo. La última vez ocurrió en esos días en que terminado el examen, esperaba con avidez los resultados. Podía esperarme cualquier cosa y no canté victoria hasta que no supe nada con certeza, pero en el momento de preguntar mi nota me sentí como paralizada, a la vez alegre y nerviosa, en un estado de felicidad e incomodidad desagradable. No sabría cómo explicarlo, pero tardó en volver la tranquilidad algunos días. No renuncié, no obstante, a la invitación de J a una copa de cava en un bar muy bonito junto a su casa, ni a una cena con D en la bonita población de Perpignan en Francia, ni tampoco a volver a brindar en casa con J por un logro compartido. Mil gracias a todos.


Published in: on marzo 3, 2011 at 3:07 pm  Comments (2)  

Una cita

con Late el 26 de marzo en el Fòrum FNAC l’Illa-Diagonal, Barcelona

Published in: on enero 29, 2011 at 7:24 pm  Comments (1)  
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a D, con cariño

A veces, para relajarme, en contra de lo que pueda parecer, necesito un poco de actividad. Y no es que estuviese nerviosa, sino que las repeticiones que hacía J para que la grabación de un tema de su grupo quedase perfecta, me han ido sumiendo poco a poco en una inquietud que me hacía sentir muy incómoda, hasta el punto de que, si hubiese continuado, me hubiese marchado a pesar del frío que hace hoy en la calle y en contra de mis planes, o le hubiese dicho que, por favor, parase de una vez por hoy, aunque sé del poco tiempo que tiene para hacer estas cosas que tanto disfruta. Es más, he de reconocer que no soporto la voz del cantante y que, si vuelvo a escucharla una y otra vez cantando lo mismo, llegaría a ponerme histérica perdida. Casi no me lo creo cuando J me cuenta que en los conciertos esa misma voz que a mí me pone enferma es lo que más entusiasma al público. En fin… para gustos…

Hablaba de la actividad porque me fue imposible quedarme sentada donde estaba haciendo lo que estaba haciendo. Al principio estaba tranquila, repasando para el examen final de Catalán -ya he terminado todos los cursos que necesitaba y con muy buena nota, por cierto, así que estoy más que feliz; el examen será el próximo día 4 de febrero a primera hora de la mañana en el Carrer Marina- hasta que poco a poco he ido cayendo en una angustiosa espiral de desasosiego, como contaba más arriba, así que cuando J paró la grabación y tras saber que había cerrado la puerta de casa para irse al cine, me levanté y me puse a arreglar el salón, concentrándome simplemente en lo que estaba haciendo hasta que entré en calor. Después de eso, con el suelo y las alfombras ya limpias, me puse a hacer una serie de 12 surya namaskar, para seguir luego con un estiramiento en pada hastadasana y finalmente terminar con la contrapostura de setu bandha sarvangasana. Ahora, mientras escribo, todo permanece en silencio y respiro hondo. Un poco más tarde me daré una ducha caliente.

Ayer visité el templo de la Sagrada Familia de Gaudí, pues era jornada de puertas abiertas. Hacía mucho tiempo que no entraba y el proyecto está muy avanzado, pero respecto a todo lo nuevo que no había visto, debo decir que me decepcionó realmente. Ni siquiera hace ya tanto tiempo comprendía la fascinación general por esta obra de Gaudí, pero quise comprobar en un día como el de ayer, sin tener que pagar un ojo de la cara por una entrada, si la obra no me dejaría indiferente. Precisamente indiferencia no fue lo que sentí, debo confesarlo, pero sí bastante repulsión. El interior me recordó a una mezcla entre un refugio nuclear fabricado con materiales lujosísimos e iluminado levemente con vidrieras que cualquier buen observador supondría de los años setenta y la estética de la película Metrópolis de Fritz Lang, lo cual veo poco adecuado para un templo y absolutamente discordante con lo que inició Gaudí en la Fachada del Nacimiento y las esbeltas torres coronadas con adornos de cerámica esmaltada. Lo cierto es que sé de buena tinta que cualquier catedral o templo importante ha tenido sus diferencias provocadas por los distintos periodos de construcción y que a la Sagrada Familia le ocurre lo mismo, pero me siento muy desilusionada con el resultado. Me dejó todavía más fuera de lugar que el templo pareciese una nave nodriza que engullese a miles de visitantes por la Fachada del Nacimiento de Gaudí y las expulsase por la de la Pasión de Subirats, no sin antes detenerse en medio a hacer fotos de calidad dudosa con sujetos protagonistas sobre fondos inverosímiles. Posmodernismo al fin y al cabo en lo que se supone el colofón del Modernismo barcelonés. Sin embargo, cuánto me gustan otras obras de Gaudí como la preciosísimas Casa Batlló o la Casa Vicens, medio escondida en una esquina del barrio de Gràcia, o el espléndido espectáculo de ensueño que ofrece la columnata que sostiene la plaza del Parc Güell y que muestra enormes y fantásticos medallones de trencadís, parecidos a brillantes tesoros que albergase el fondo del mar.

Y para terminar el día, una película de estreno en la sala 5 de los cines Aribau, donde no había estado nunca y que me recordó a un añorado cine de Vigo de la Calle Urzaiz, próximo a la casa donde vivíamos, donde durante parte de la niñez, toda la adolescencia y mi primera juventud, pude disfrutar de tantas películas y donde vi la última –La cena, de Ettore Scola- con sólo dos personas más que yo antes de que a la salida me impresionase para siempre el espectáculo natural de uno de los más hermosos atardeceres que hayan contemplado mis ojos sobre el mar plateado de la ría. La sala 5 del Aribau es una sala extensa, como los cines de antes, con el suelo en ligera pendiente, con la pantalla baja y grande, un poco démodé y ajado, pero donde me sentí tan a gusto que sería difícil que en tales circunstancias no me hubiese gustado la película. Más allá de la vida, la última de Clint Eastwood, dura más de dos horas. A pesar de que el tema que trata pueda resultar controvertido y sumamente difícil de manejar, él sabe hacerlo sin plantearse cuestiones metafísicas ni de creencias, desde un punto de vista muy humano, con verdadera naturalidad y elegancia y con la destreza de entrelazar con maestría tres historias, tres lugares, tres personas que coinciden en un punto común de la vida, a pesar de la muerte y gracias a ella.

Published in: on enero 23, 2011 at 11:16 pm  Comments (2)  
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Los números de 2010

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: ¡Este blog lo está haciendo genial!.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 7,100 veces en 2010. Eso son alrededor de 17 Boeings 747-400.

In 2010, there were 11 new posts, growing the total archive of this blog to 82 posts. Subiste 1 imágen, ocupando un total de 5mb.

The busiest day of the year was 14 de junio with 59 views. The most popular post that day was untitled.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran search.conduit.com, images.yandex.ru, search.babylon.com, gradicela.blogspot.com y result.iminent.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por audrey tautou, amapola, herbario, vaso para colorear y friedrich.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

untitled julio, 2009
8 comentários

2

La rosaleda del parc Cervantes junio, 2009
1 comentario

3

Suerte junio, 2008
1 comentario

4

Mil flores octubre, 2008
3 comentários

5

Mi día “libre” febrero, 2008

Published in: on enero 7, 2011 at 5:28 pm  Dejar un comentario  
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dolce

Gabriel Fauré: Après un rêve, Op.7, 1 cantado por Véronique Gens

Published in: on noviembre 19, 2010 at 11:19 am  Comments (1)  

a J S

Hasta ahora no había hecho frío. La ciudad ya está preparada para poder encender los alumbrados de fiesta con los que ha sido engalanada. Al granado de casa todavía le quedan hojas que el viento puede llevarse, todas doradas desde hace semanas. Enseguida se hace de noche y  siempre me parece demasiado pronto.

Ahora paso más tiempo en casa. No hace mucho decidí que era el momento de ponerme a estudiar para el próximo examen de oposiciones del cuerpo de profesores de enseñanza secundaria de Catalunya. Se rumorea que se convocarán 200 plazas en mi especialidad, Lengua y Literatura Castellana, así que al menos lo intentaré, aunque el examen, quizás -y también corren rumores- sea en abril y no en julio como otros años. De momento estoy con dos cosas a la vez: el temario de oposiciones y el nivell C de catalán, que, si todo va bien, podré obtener en febrero. Sin el nivell C no podré acceder, ni siquiera apuntarme, al otro examen, de modo que la suerte está echada, a pesar de mi esfuerzo.

A veces todavía tengo el privilegio de dar algunas clases, con lo cual, junto a la ayuda que suponen mis ahorros, voy tirando económicamente.  En cualquier caso, ahora sé que necesito este tiempo para mí y que debo aprovecharlo para un posible beneficio futuro. Y también otras veces tengo el privilegio de ser espectadora de algo que me interesa realmente y que no puedo dejar pasar de largo porque ahora, y sólo ahora, se me ofrece el momento. El último fin de semana estuve en una exposición de Picasso y Degas en el palacio medieval del carrer Montcada y, ya de noche, disfrutando del texto y el encanto de la pluma de Chejov en su obra El jardín de los cerezos, representada en el teatro Romea. Agradezco, de corazón, la buena compañía.

Ni siquiera leo nada desde Climas de André Maurois -magnífica narración-, para no distraerme demasiado, por mucho que deje junto al depertador de la cómoda blanca, el volumen azul marino impreso en papel biblia de la obra de Somerset Maugham que me ha prestado J. Después de tanto tiempo leyendo y aprendiendo, creo que me gustaría ponerme a escribir por primera vez en mi vida una novela -casi siempre he escrito versos, líneas de diario y hojas de correspondencia-, pero antes, me gustaría poder preguntarle a mamá algunas cosas que me interesan para poder llevar a cabo mi proyecto.

Ayer por la tarde necesitaba respirar y aproveché el instante en que finaliza el programa de la lavadora para salir a la terraza a tender la ropa. El aire entraba fresco por las fosas nasales y me sentía como si respirase por primera vez. Luego, hasta que oscureció del todo, barrí las hojas que el viento había sedimentado en montones durante todos estos días en las esquinas más recónditas. Me fue imposible arrastrar una granada caída del árbol y un caracol, la primera pegada al suelo por su almíbar, el caracol aferrado como una ventosa. Me despreocupé de ambos y me puse a igualar el espesor de la hiedra que, desde hace tres décadas, reposa sobre los muros. Y entonces no sólo percibí el agradable contacto del frío, sino también el aroma de un bálsamo suave, formado por el olor de la savia y el jabón con que había sido lavada la ropa.

Published in: on noviembre 17, 2010 at 9:08 pm  Comments (2)