Una cita

con Late el 26 de marzo en el Fòrum FNAC l’Illa-Diagonal, Barcelona

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Published in: on enero 29, 2011 at 7:24 pm  Comments (1)  
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a D, con cariño

A veces, para relajarme, en contra de lo que pueda parecer, necesito un poco de actividad. Y no es que estuviese nerviosa, sino que las repeticiones que hacía J para que la grabación de un tema de su grupo quedase perfecta, me han ido sumiendo poco a poco en una inquietud que me hacía sentir muy incómoda, hasta el punto de que, si hubiese continuado, me hubiese marchado a pesar del frío que hace hoy en la calle y en contra de mis planes, o le hubiese dicho que, por favor, parase de una vez por hoy, aunque sé del poco tiempo que tiene para hacer estas cosas que tanto disfruta. Es más, he de reconocer que no soporto la voz del cantante y que, si vuelvo a escucharla una y otra vez cantando lo mismo, llegaría a ponerme histérica perdida. Casi no me lo creo cuando J me cuenta que en los conciertos esa misma voz que a mí me pone enferma es lo que más entusiasma al público. En fin… para gustos…

Hablaba de la actividad porque me fue imposible quedarme sentada donde estaba haciendo lo que estaba haciendo. Al principio estaba tranquila, repasando para el examen final de Catalán -ya he terminado todos los cursos que necesitaba y con muy buena nota, por cierto, así que estoy más que feliz; el examen será el próximo día 4 de febrero a primera hora de la mañana en el Carrer Marina- hasta que poco a poco he ido cayendo en una angustiosa espiral de desasosiego, como contaba más arriba, así que cuando J paró la grabación y tras saber que había cerrado la puerta de casa para irse al cine, me levanté y me puse a arreglar el salón, concentrándome simplemente en lo que estaba haciendo hasta que entré en calor. Después de eso, con el suelo y las alfombras ya limpias, me puse a hacer una serie de 12 surya namaskar, para seguir luego con un estiramiento en pada hastadasana y finalmente terminar con la contrapostura de setu bandha sarvangasana. Ahora, mientras escribo, todo permanece en silencio y respiro hondo. Un poco más tarde me daré una ducha caliente.

Ayer visité el templo de la Sagrada Familia de Gaudí, pues era jornada de puertas abiertas. Hacía mucho tiempo que no entraba y el proyecto está muy avanzado, pero respecto a todo lo nuevo que no había visto, debo decir que me decepcionó realmente. Ni siquiera hace ya tanto tiempo comprendía la fascinación general por esta obra de Gaudí, pero quise comprobar en un día como el de ayer, sin tener que pagar un ojo de la cara por una entrada, si la obra no me dejaría indiferente. Precisamente indiferencia no fue lo que sentí, debo confesarlo, pero sí bastante repulsión. El interior me recordó a una mezcla entre un refugio nuclear fabricado con materiales lujosísimos e iluminado levemente con vidrieras que cualquier buen observador supondría de los años setenta y la estética de la película Metrópolis de Fritz Lang, lo cual veo poco adecuado para un templo y absolutamente discordante con lo que inició Gaudí en la Fachada del Nacimiento y las esbeltas torres coronadas con adornos de cerámica esmaltada. Lo cierto es que sé de buena tinta que cualquier catedral o templo importante ha tenido sus diferencias provocadas por los distintos periodos de construcción y que a la Sagrada Familia le ocurre lo mismo, pero me siento muy desilusionada con el resultado. Me dejó todavía más fuera de lugar que el templo pareciese una nave nodriza que engullese a miles de visitantes por la Fachada del Nacimiento de Gaudí y las expulsase por la de la Pasión de Subirats, no sin antes detenerse en medio a hacer fotos de calidad dudosa con sujetos protagonistas sobre fondos inverosímiles. Posmodernismo al fin y al cabo en lo que se supone el colofón del Modernismo barcelonés. Sin embargo, cuánto me gustan otras obras de Gaudí como la preciosísimas Casa Batlló o la Casa Vicens, medio escondida en una esquina del barrio de Gràcia, o el espléndido espectáculo de ensueño que ofrece la columnata que sostiene la plaza del Parc Güell y que muestra enormes y fantásticos medallones de trencadís, parecidos a brillantes tesoros que albergase el fondo del mar.

Y para terminar el día, una película de estreno en la sala 5 de los cines Aribau, donde no había estado nunca y que me recordó a un añorado cine de Vigo de la Calle Urzaiz, próximo a la casa donde vivíamos, donde durante parte de la niñez, toda la adolescencia y mi primera juventud, pude disfrutar de tantas películas y donde vi la última –La cena, de Ettore Scola- con sólo dos personas más que yo antes de que a la salida me impresionase para siempre el espectáculo natural de uno de los más hermosos atardeceres que hayan contemplado mis ojos sobre el mar plateado de la ría. La sala 5 del Aribau es una sala extensa, como los cines de antes, con el suelo en ligera pendiente, con la pantalla baja y grande, un poco démodé y ajado, pero donde me sentí tan a gusto que sería difícil que en tales circunstancias no me hubiese gustado la película. Más allá de la vida, la última de Clint Eastwood, dura más de dos horas. A pesar de que el tema que trata pueda resultar controvertido y sumamente difícil de manejar, él sabe hacerlo sin plantearse cuestiones metafísicas ni de creencias, desde un punto de vista muy humano, con verdadera naturalidad y elegancia y con la destreza de entrelazar con maestría tres historias, tres lugares, tres personas que coinciden en un punto común de la vida, a pesar de la muerte y gracias a ella.

Published in: on enero 23, 2011 at 11:16 pm  Comments (2)  
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Mientras escucho la radio y me tomo un zumo de frutas tropicales, veo la necesidad de escribir un poco en mi diario. A veces se convierte en algo casi vital. Reconozco que en estos momentos empezaba a cansarme de tanto tiempo sin una ocupación que cambiase la rutina de levantarme cada día y buscar un trabajo, de ir a hacer la compra si la nevera estaba vacía, de hacer la comida, almorzar, adormecerme ante el televisor y más tarde revisar el estado de mis candidaturas o atender alguna llamada. Pero todo ha comenzado a cambiar desde esta mañana, desde el momento en que han aceptado mi perfil en una academia para trabajar como profesora para alumnos seleccionados; no hace muchos días asistí a una entrevista a la que fui convocada en el 26 de una calle de la zona alta de la ciudad, del perfecto, tranquilo y residencial barrio de Sarrià. De camino, después de haber recorrido la Carretera de Esplugues y llegado al Carrer del Bisbe Català, descubrí la torre del elegante monasterio gótico de Pedralbes, anunciado por un jardín exuberante tapizado de buganvillas que me evocó los lienzos empastados, coloristas y románticos de Santiago Rusinyol. Me gustaría volver otro día a visitarlo con calma, lo mismo que me gusta vagar por otros lugares de la ciudad siempre que tengo ocasión. Cada barrio es todo un mundo, cada calle, cada acera, a veces cada casa. Estoy segura de que es posible pasarse más de una mañana -si acaso toda una vida- entre Portaferrissa y Tallers, por poner un ejemplo, descubriendo cada rincón, observando, degustando, aspirando, caminando, conociendo. Todo es como un teatro que va cambiando sus decorados al ritmo que cambian sus actores y sus obras. Y Barcelona es cambiante como un camaleón, adaptable a los últimos tiempos pero a la vez -y eso le proporciona su verdadero encanto- conservadora y celosa de su patrimonio más antiguo. Y aunque ya no existe el cine París del Portal de l’Angel, todavía es posible recrearse ante un escaparate lleno de peines y peinetas de la botiga que permanece enfrente. Una tarde entré en la tienda, no para comprar nada, sino para preguntar por una plaza adonde tenía que llegar. El dependiente me guió entre pasillos flanqueados por vitrinas expositoras repletas de los más variopintos artículos de aseo, horquillas de fantasía y ropa interior hasta alcanzar un ordenador conectado a internet en el que tecleó la dirección exacta. No andaba lejos, pero luego ya no me quedó ninguna duda. Agradecí el gesto como pude y salí a la calle sorprendida. Cualquier otro día pasaré a comprar unas medias.

Published in: on octubre 23, 2008 at 9:37 pm  Comments (4)  
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