Escrito el 26/07/08

Es fiesta en el pueblo y fiesta en casa; la onomástica de mamá. Mucho antes de que la procesión en honor a Santa Ana desfile por nuestra calle, ya habré salido en dirección al otro lado del río. Me marcho caminando despacio, a contracorriente, observando a mi alrededor lo que he visto miles de veces, pero lo que es distinto a cada nueva llegada. A la izquierda permanece libre aquel solar en venta cubierto en verano de matas de flores moradas entre las que revolotean mariposas color crema y abejorros. En frente han hecho un aparcamiento en el lugar del parque infantil medio destartalado que lindaba con los muros tranquilos del cementerio. Más allá, junto al puente romano, los límites del pazo despliegan maceteros de petunias fragantes sobre el suelo. Me detengo en la clave del arco central del puente, sobre el suelo caliente de piedra, sobre la quietud verde del río, bajo el sol diáfano y violento del mediodía. Hace mucho calor y refresca los ojos el hermoso patio umbrío que muere feliz en la orilla, oculto por la densidad del follaje apretado de varias higueras. Del otro lado, ramas altísimas de hinojo y el paseo bordeado de chopos y bóvedas de plátanos de sombra. Me siento sola sobre un embarcadero flotante, dejando que la piel de mis piernas se broncee, pensándome en un barco a la deriva sobre aguas tranquilas.

 

 

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Published in: on agosto 2, 2008 at 9:51 am  Dejar un comentario  
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De camino

en otra visita a Francia, en Roncesvalles, con mi cámara Voigtländer.

Published in: on julio 3, 2008 at 1:32 pm  Comments (5)  
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