Poema

Hace tiempo que lo sé: no somos libres,

Y sin embargo siempre he sido

La que eligió aquel camino

A pesar de la fuerza del viento

Que nada es lo que veo

Aunque lo parezca

Que el corazón sólo es un músculo en el fondo

Y que mucho más adentro,

En la esencia misma,

Está el impulso, la letra incorpórea,

El aliento que envuelve en latido las palabras

He sabido

Mucho antes de existir

Qué es el deseo

Y que la locura

Es sensatez ante los sueños

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Published in: on diciembre 11, 2008 at 10:43 am  Comments (2)  
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Mil flores

Así como la llegada de las primeras lluvias aplacó definitivamente el calor del verano, el paso de los días ha ido suavizando la tensión del principio. Las caras ya no me parecen tan largas y no se ha hablado una palabra más sobre el gato. Mejor así.

M. ha vuelto al trabajo después de unos días de vacaciones que aprovechó para viajar con mamá a Italia. A su regreso recibí unos pendientes y un colgante de cristal millefiori que agradecí sinceramente. Al otro individuo no lo veo más que por la noche, excepto los fines de semana. Cuando estoy sola en casa o con J. dejamos campar a Tito por el piso a sus anchas y suele acostarse en el sofá, precisamente en el lugar donde acostumbran a sentarse las dos personas que faltan, con lo cual acabamos echándonos siempre unas buenas carcajadas de complicidad.

Busco trabajo cada mañana en un portal de Internet. Es necesario ser un poco selectivo ante tanta oferta. Estoy apuntada a muchas ya, y he acudido a una entrevista para una tienda de juguetes. No hay nada seguro por el momento, aunque todavía sigo en proceso de selección. Es necesario insistir sin desanimarse. Me consuela saber que siempre podré seguir dedicándome a dar clases, para las cuales ya he redactado algunos anuncios que colocaré por toda mi zona.

Voy habituando mis oídos a la lengua del lugar, si bien pronto me gustaría comenzar a utilizarla tanto en el habla como en la escritura. En cuanto me sea posible -creo que la próxima convocatoria es en enero- comenzaré a ir a un curso. El centro donde se imparten está muy próximo a casa.

El papeleo resulta agotador, pero en poco tiempo he conseguido empadronarme y arreglar la tarjeta sanitaria, además de hacerme el carné de la biblioteca, lugar que me ha sorprendido gratamente y que tiene una sección donde los usuarios pueden coger hasta tres libros que dejan otros para quedárselos y a su vez pueden dejar allí los suyos.

Pero a pesar de todo, aunque las cosas van bien, a veces me invade la nostalgia, sobre todo por la gente querida que dejé a muchos quilómetros. Supongo que es normal, aunque sé que están ahí, tan cerca como una llamada de teléfono. De todos modos, me falta tiempo para distraerme, pues constantemente hay cosas que hacer o sitios donde acudir.

He sabido ordenar y distribuir con éxito mi habitación e instalar algunas cosas como un armario, una cómoda, una mesita abatible, unas cuantas baldas y un perchero con altillo. Me falta colgar unos cuadros, los queridos cuadros que me acompañan allá donde voy y que llenan mi espacio de colores.

He podido contemplar en una exposición la obra gráfica, pictórica y fotográfica de Alfons Mucha y ver en un cine una película de Ermanno Olmi.

Siempre es delicioso dejarse llevar entre las avenidas y las calles, observando a la gente, mirando escaparates, deteniéndose a tomar un café o una cerveza, ronroneando casi bajo el sol del Mediterráneo.

Published in: on octubre 13, 2008 at 7:39 am  Comments (4)  
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Esperanza

Hace una semana que vivo aquí. He vuelto a la primera casa familiar, un lugar espacioso y cálido, con muchos recuerdos, con suelos de madera, chimenea y patios, con libros y películas y, desde ahora, con mi presencia y con la de mi gato.

Ya vivían aquí dos de mis hermanos y un amigo suyo que hace algunos años compartía piso con ellos en una calle del Eixample.

En cierta manera veía que mi llegada representaría un reencuentro, y digo “en cierta manera” porque mi acogida y la de mi gato no han sido como yo esperaba. Desde hace semanas se ha venido haciendo una conspiración contra el pobre animalillo, lo cual yo no he podido comprender si tengo en cuenta que a J. no le supone ningún problema y que M. suspiró toda su infancia por tener una mascota y hasta pensaba recoger uno de la calle en que vivíamos en Vigo y “despiojarlo” para traérselo a casa. La repulsa no viene por ahí, sino por parte del otro individuo que ocupa nuestro espacio. Como mi hermana M. está a partir un piñón con él y se contagia de todos sus pensamientos y decisiones, la solución más conciliadora ha sido dejar al gato en el patio más grande, el de los árboles y las enredaderas. Afortunadamente Tito ha encontrado su lugar favorito sobre un muro, bajo la copa abullonada de un granado. Pero es un gato acostumbrado a estar dentro de casa y me gustaría que pudiese andar entre nosotros y quedarse adormilado sobre alguna alfombra mientras vemos la tele o leemos. Quizás sólo sea cuestión de tiempo. Ojalá sólo sea también cuestión de tiempo que el otro individuo se vaya por donde ha venido, puesto que ésta es una casa familiar y no de huéspedes y aquí no pinta nada, y más considerando que está como invitado sin tener que pagar un céntimo de renta. Lo mismo opinan todos excepto M., y mamá, de quien es la casa, ha pasado momentos muy tensos las últimas semanas -estuvo aquí durante un mes; ayer se marchó a Galicia- con todo el follón que supuso mi llegada. Ayer por la mañana estalló en llanto en la cocina. Yo no pude retener las lágrimas viéndola así y nos abrazamos. M. tiene tan mal carácter que si echamos a su amigo puede enfadarse mucho con mamá, hasta límites insospechados, y a mamá eso le dolería como no podemos imaginar.

Espero que mi llegada no haya enturbiado nada.

Espero que Tito vaya conquistando poco a poco un corazón helado.

Espero que mamá o quien regrese o venga de visita a su propia casa no tenga que dormir en el sofá.

Espero que… sobran las palabras.

Las cosas claras y el chocolate espeso.

Published in: on octubre 5, 2008 at 10:08 am  Comments (5)  
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Escrito el 29/07/08

Los días han pasado rápido a pesar de las fiestas y, aunque prefiero venir en cualquier otra época del año, he tomado con alegría que las orquestas tocasen durante casi una semana hasta bien entrada la madrugada. Las noches limpias y cálidas invitaban a quedarse en las terrazas tomando cañas con gente conocida. El último concierto fue el mejor, como si se hiciese esperar; un repertorio de versiones de canciones funk que no dejó indiferente. He podido disfrutar de la familia y eso me ha dado la oportunidad de conocer un poco mejor a D., mi primo segundo, un niño de nueve años enmadrado, hablador y sumamente inquieto, pero muy inteligente y sensible. Como le he dado conversación y me he prestado a escucharlo con paciencia, enseguida hemos hecho buenas migas.

 

Ayer pasamos la mayor parte del día en Ourense, que me pareció bañada de claridad y de calma. No hizo falta tratar mucho con la gente para apreciar su infinita amabilidad. El suelo de piedra y las fachadas labradas de los edificios desprendían un olor antiguo y familiar bajo el efecto del calor y no muy lejos, en todo momento, se adivinaba la presencia del río.

 

*

 

Hoy no me encuentro nada bien. Es uno de esos días en que mi cuerpo y mi mente se sienten agitados, hasta tal punto que la sensación y la incapacidad de dominar este estado me producen un gran desasosiego y angustia. Conozco estas sensaciones, no son una novedad para mí, y sé que pasarán en algún momento. Hasta entonces, no me queda otro remedio que llevar mi desazón de la mejor manera posible. He tomado un ansiolítico, pero sé que es mejor tomarme las cosas como van llegando, vivir el segundo, respirar con calma, salir a pasear, hablar con la gente. Dentro de un rato pasarán por casa M. y F., con quienes cambiaré impresiones delante de un café o un refresco. Eso siempre me hace bien. Luego volveré a casa y cenaré con mamá, quien ha mirado mucho por mí estos días para que me encuentre mejor, pues sabe que no estoy pasando por un buen momento, lo mismo que sabe que, tarde o temprano, todo irá pasando, como la calma que llega tras la tempestad.   

Published in: on agosto 2, 2008 at 10:02 am  Comments (2)  
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Escrito el 26/07/08

Es fiesta en el pueblo y fiesta en casa; la onomástica de mamá. Mucho antes de que la procesión en honor a Santa Ana desfile por nuestra calle, ya habré salido en dirección al otro lado del río. Me marcho caminando despacio, a contracorriente, observando a mi alrededor lo que he visto miles de veces, pero lo que es distinto a cada nueva llegada. A la izquierda permanece libre aquel solar en venta cubierto en verano de matas de flores moradas entre las que revolotean mariposas color crema y abejorros. En frente han hecho un aparcamiento en el lugar del parque infantil medio destartalado que lindaba con los muros tranquilos del cementerio. Más allá, junto al puente romano, los límites del pazo despliegan maceteros de petunias fragantes sobre el suelo. Me detengo en la clave del arco central del puente, sobre el suelo caliente de piedra, sobre la quietud verde del río, bajo el sol diáfano y violento del mediodía. Hace mucho calor y refresca los ojos el hermoso patio umbrío que muere feliz en la orilla, oculto por la densidad del follaje apretado de varias higueras. Del otro lado, ramas altísimas de hinojo y el paseo bordeado de chopos y bóvedas de plátanos de sombra. Me siento sola sobre un embarcadero flotante, dejando que la piel de mis piernas se broncee, pensándome en un barco a la deriva sobre aguas tranquilas.

 

 

Published in: on agosto 2, 2008 at 9:51 am  Dejar un comentario  
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Los abedules se mueven con la brisa y sus pequeñas hojas originan destellos bajo el sol. Es por la tarde, la hora del café. Los escaparates del otro lado de la calle muestran rótulos de rebajas o liquidaciones en letras enormes sobre colores vivos. Y la casa permanece fresca, en ligera penumbra, los visillos con mordiscos violentos de luz.

 

El gato y yo nos sentimos perezosos y alegres, a veces dormitamos deliciosamente entre la calma y el desorden consentido. Los cuadernos en blanco a mi disposición, los libros que leer, los lienzos que pintar, la cama por hacer. No hay prisa, nada importa; es verano y la hora del silencio.

 

Pero más tarde sonará el teléfono y romperá este hechizo para devolverme al mundo de los otros.

 

Mamá se recupera bien tras la operación. Dentro de unos días podré ver a J. después de hace seis meses. P. me cuenta que ha estado en Nueva Zelanda por trabajo y que a U. le queda un mes para salir de cuentas. M. proyecta un viaje a Roma.

 

Y yo, mañana, me marcho a ver el mar.

Published in: on julio 15, 2008 at 2:44 pm  Comments (1)  
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Douce France

Dedicado a mis grandes amigos y a mis alumnos de francés, con cariño

Siempre comienzo a viajar antes de partir. El viaje empieza en la imaginación, en las lecturas, en las guías, en el corazón, en la ilusión. No sólo supone el origen, el trayecto, el destino, sino un antes y un después, por eso es posible alargarlo a voluntad, por eso es subjetivo, inédito, irrepetible, único como una vida.

La primera semana de agosto me voy al sur de Francia con unos amigos. Compartiremos charla, comida, hotel, camaradería, entusiasmo, sensaciones ante la novedad. Nos alojaremos en Carcassonne, capital de la provincia de Aude, sita en la región Languedoc-Roussillon. No menos interesante sería dejar paso a la improvisación. Se me ocurre que podríamos acercarnos, entre otros sitios, a Sète, a los pies del Mediterráneo.

Francia es un país que me gusta mucho. He conocido Paris y la región Midi-Pyrenées. He estado ya otra vez en Carcassonne. Nunca me importa volver. A menudo me duele cómo juzgamos a nuestros vecinos desde aquí; creo que la inquina se origina, en muchas ocasiones, por desconocimiento. Alguna gente se siente molesta por la evidencia de que en Francia se hable en francés; ¡tamaña estupidez!

Francia es un país extenso y variado. El país del gótico, de las bastidas, de los enclaves cátaros, del barroco más dorado y rimbombante, del impresionismo y del fauvismo, de la Belle Époque, de las grandes planicies sembradas de girasoles y lavanda…

Francia me ha resultado desde siempre un país familiar. Quizás en otra vida…

Published in: on julio 3, 2008 at 11:37 am  Comments (2)  
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No es fácil

Hay días en que no es fácil salir adelante. Los recuerdos te atrapan y te devoran haciéndote parte de su carne. Entonces, te instalas en el pasado y permaneces allí como en la celda de una cárcel cuya puerta fue cerrada en cuanto surgió el presente. A menos que te des cuenta de que el tiempo ha dado el salto necesario, sufres el riesgo de hundirte más y más en arenas movedizas.

Hoy ha ocurrido eso; me hundí hasta la garganta en el suelo fangoso. Me costó salir de mi angustia. Tan sólo un mar de lágrimas amargas me ofreció el salvoconducto. Las lágrimas, las necesarias lágrimas, el agua que ayuda a diluir el veneno que llevamos dentro, a expulsarlo como por medio de un drenaje.

No ha sido fácil, no lo está siendo, no lo será hasta que los días me ofrezcan una tregua tan amplia como una zanja que ya sea imposible saltar. Por mucho que intente engañarme, los síntomas revelan la evidencia de mi estado. Hasta ahora he ido paliando esta desazón con mis ocupaciones; a partir de ahora, libre de trabajo, mi mente me llevará adonde no quiero, pero adonde quizás sea necesario; no se puede negar lo que sucede. Pretenderlo es engañarnos a nosotros mismos. Pero no voy a rendirme ni alejarme. Aquí me quedo, aquí mismo le plantaré cara, cueste lo que cueste.

En cualquier caso, es mejor compartir lo que siento, gritarlo al aire si es preciso; el peso, distribuido, se lleva mejor.

Published in: on junio 25, 2008 at 4:06 pm  Comments (5)  
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Escrito el 20/05/08

Me he venido un momento al Parque de Invierno mientras espero el comienzo de la clase siguiente. La brisa mueve las hojas nuevas de los árboles y los pájaros traspasan veloces la transparencia tibia del aire. Las hormigas escalan los peldaños enormes de una chaqueta que he dejado sobre el pequeño muro donde estoy sentada. De vez en cuando, una nube tapa el sol y hace desaparecer los contornos recientes de las sombras reflejadas en las superficies. No pienso más que en lo que está sucediendo y observo a la gente que recorre la calle, sabiendo de antemano, según el ritmo de sus pasos, adónde pueden dirigirse o de dónde vienen: ESTÁN. Otros no van a ninguna parte, pasean o permanecen en algún lugar: SON. Los que son, en general, han dejado atrás hace mucho tiempo su juventud, a pesar de la primavera. Un viejo me pregunta qué hago y me anima a continuar escribiendo en mi cuaderno. Dos señoras se lamentan por la enfermedad de alguien cercano. Los abuelos pasean bebés o perros. Muchos de los que están llevan tapados los oídos con auriculares; creo que tienen miedo de enfrentarse a la calma o al silencio, necesitan música para evitar lo que ocurre fuera o dentro de sí mismos. No saben que no es posible huir de algo que no existe (“Quizás hubo silencio cuando el mundo existía sin nosotros / Quizás sólo los sordos y los muertos puedan escucharlo”).

 

Tan sólo quedan diez minutos para comenzar: salutations, lecture, conjugaison, chansons…

Published in: on mayo 23, 2008 at 7:06 am  Comments (5)  
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