No es fácil

Hay días en que no es fácil salir adelante. Los recuerdos te atrapan y te devoran haciéndote parte de su carne. Entonces, te instalas en el pasado y permaneces allí como en la celda de una cárcel cuya puerta fue cerrada en cuanto surgió el presente. A menos que te des cuenta de que el tiempo ha dado el salto necesario, sufres el riesgo de hundirte más y más en arenas movedizas.

Hoy ha ocurrido eso; me hundí hasta la garganta en el suelo fangoso. Me costó salir de mi angustia. Tan sólo un mar de lágrimas amargas me ofreció el salvoconducto. Las lágrimas, las necesarias lágrimas, el agua que ayuda a diluir el veneno que llevamos dentro, a expulsarlo como por medio de un drenaje.

No ha sido fácil, no lo está siendo, no lo será hasta que los días me ofrezcan una tregua tan amplia como una zanja que ya sea imposible saltar. Por mucho que intente engañarme, los síntomas revelan la evidencia de mi estado. Hasta ahora he ido paliando esta desazón con mis ocupaciones; a partir de ahora, libre de trabajo, mi mente me llevará adonde no quiero, pero adonde quizás sea necesario; no se puede negar lo que sucede. Pretenderlo es engañarnos a nosotros mismos. Pero no voy a rendirme ni alejarme. Aquí me quedo, aquí mismo le plantaré cara, cueste lo que cueste.

En cualquier caso, es mejor compartir lo que siento, gritarlo al aire si es preciso; el peso, distribuido, se lleva mejor.

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Published in: on junio 25, 2008 at 4:06 pm  Comments (5)  
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Balance

Se termina el curso escolar y termina con él, de nuevo, mi trabajo hasta septiembre. Apenas me quedan ya los pocos alumnos que hacen sus exámenes finales o de recuperación en las últimas fechas lectivas de esta semana, además de los del centro social y los de la academia, que permanecen hasta final de mes. Julio y agosto supondrán un merecido descanso.

 

Este año se ha presentado como uno de los más duros que recuerdo. Amanecí el primero de enero en la casa barcelonesa de la chimenea con un nudo en la garganta de pena, de frustración, de rabia por lo que pudo haber sido y no fue; me refiero a un largo período que se saldó con una ruptura. Me costó levantarme de nuevo a la vida, impermeable a los rayos del sol, a las voces alegres y festivas, a los regalos y a la familia, envenenada de recuerdos… Pero el reloj seguía marcando las horas y yo debía seguir su cadencia, puesto que el tiempo no se detiene para nadie.

 

Descubrí la soledad, en todo lo que tiene de malo y de bueno. El trabajo supuso una tabla de salvación, tanto para concentrar mis energías en algo que creo realmente valioso y puedo hacer bien -la enseñanza-, como en el aspecto económico -el hecho de ser capaz de costeármelo todo por mí misma-. No en vano ha sido larga e intensa cada jornada. Pero ha merecido la pena, y a menudo recibo llamadas de alumnos que agradecen lo que he hecho por ellos. Les respondo que es mi deber orientar cuando uno está perdido y que la enseñanza no es cosa de uno, sino de dos, como toda correspondencia. Lo mismo que la amistad, por otra parte. Y en cuanto a ella, he reforzado los lazos con los amigos que ya tengo y añadido a mi lista interesantes y maravillosos hallazgos.

 

La vida puede cambiar en un instante. La última vez que miré hacia los setos que rodean los abedules del bulevar, no había la profusión de pequeñas y arracimadas flores púrpura que los adornan ahora. Hoy quiero creer que, a pesar de todo, soy al menos un poco mejor persona.

Published in: on junio 19, 2008 at 12:30 pm  Comments (5)  
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Hier soir

M. A. me ha avisado de que hoy no puede acudir a la clase de las seis; I. no creo que venga, ya que faltó todas las clases anteriores desde mediados de mayo; así que he venido sobre todo por la persona que me llamó tan interesada por la actividad la semana pasada. Pero temo que tampoco aparezca, pues la clase comienza a en punto y ya pasan diez minutos. No importa; jamás me he desesperado por situaciones como ésta. En contrapartida, venir hasta aquí me ha supuesto un largo paseo  -siempre beneficioso para cuerpo y mente-, y la ocasión de poder escribir tranquilamente algunas líneas en mi cuaderno.

 

La clase que había preparado para hoy versaba sobre la ciudad de París, cuyo mapa se distribuye en veinte distritos -arrondissements- dispuestos en forma de caracol. En el núcleo del caparazón se encuentra el distrito número uno o del Louvre. En el cuatro, las islas que dividen al Sena en dos brazos, una de las cuales -la Cité, donde habitó en un principio la tribu de los Parisii- dio origen a la población y a su topónimo. No está de más saber que en el quinto se encuentra el Barrio Latino, en el sexto Saint-Germain-des-Près, en el séptimo la Torre Eiffel y el Museo d’Orsay, en el décimocuarto Montparnasse o Montmartre en el décimoctavo.

 

Ha pasado media hora. Volveré tranquilamente a casa bajo esta lluvia menuda de primavera agonizante. Y pasará la tarde, dilatada, espesa, hasta que las luces de las farolas conviertan la ciudad en lo que siempre parece, bajo otra luz, otro escenario. J’aimerais qu’on dirait alors, au moins pour un instant, la ville lumière!

 

Published in: on junio 11, 2008 at 7:24 am  Comments (3)  
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Suerte

Hace años, junio era un mes de moscas y de ríos. Los que acudíamos al colegio o al instituto nos mostrábamos inquietos por el calor; tan sólo las primeras horas de la mañana permitían el peso de una chaqueta.

 

Lo que no ha cambiado es la temporada de exámenes en la misma época, algo que, con calor o sin él, resulta siempre pesado y angustioso.

 

Apenas falta una semana para que termine el curso escolar, sin embargo, a pesar de lo poco que queda ya, la tensión de los exámenes finales y la Prueba -incipiente- de Acceso a la Universidad  para los que han superado el Bachillerato, convierten a estas fechas en algo inolvidable para alumnos y profesores por la ansiedad que conllevan.

 

Nunca me encargo de poner o evaluar exámenes pero sí ayudo a prepararlos. El terror al examen, a veces excesivo, me llega a parecer en la mayoría de los casos injustificado. ¿Cómo poder convencer a los alumnos o a sus padres de que un posible “fracaso” no sería para tanto? Ojalá en la vida existiesen tantas oportunidades de recuperación para otras cosas.

 

En cualquier caso, formulo mi deseo de suerte a todos aquellos que por su esfuerzo continuado merezcan lo mejor a nivel académico.

 

 

Published in: on junio 10, 2008 at 6:36 am  Comments (2)  
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